La onicofagia es más común de lo que se cree.La onicofagia es más común de lo que se cree.

Qué es la onicofagia y por qué es un hábito poco saludable más común de lo que parece

2026/01/12 11:01

Morderse las uñas es una escena cotidiana, casi invisible de tan habitual. Pasa en la oficina, frente a una pantalla, en momentos de espera, distracción o nerviosismo y muchas veces pasa desapercibida incluso para quien la realiza. Pero detrás de ese gesto automático se esconde la onicofagia, un hábito que va mucho más allá de una simple costumbre nerviosa. Se trata de una conducta repetitiva que afecta a niños, adolescentes y adultos, y que suele instalarse de manera temprana para acompañar a la persona durante años.

Aunque socialmente suele minimizarse, la onicofagia puede tener consecuencias físicas, emocionales y sociales. Desde lesiones en uñas y piel hasta infecciones, desgaste dental o sentimientos de vergüenza, este comportamiento revela una relación compleja entre cuerpo y emociones. Estrés, ansiedad, aburrimiento o dificultad para regular tensiones internas suelen aparecer como factores comunes, pero no únicos. Comprender qué es la onicofagia y qué influye en su desarrollo permite correrla del terreno de la culpa o la “falta de voluntad” y pensarla como una señal que merece atención y, en algunos casos, acompañamiento.

Qué es la onicofagia

Se conoce como onicofagia al hábito persistente de morderse las uñas, así como, en muchos casos, la piel que las rodea. Aunque suele asociarse a la infancia, puede extenderse a la adolescencia y la adultez, y presentarse con distintos grados de intensidad: desde mordidas ocasionales hasta conductas compulsivas difíciles de controlar. Su nombre proviene del griego onyx (uña) y phagein (comer), y alude directamente a una acción que, lejos de ser inocente, puede convertirse en un problema de salud.

Abordar la onicofagia implica mirar más allá del gesto y comprender qué función cumple en la vida de la persona

Si bien la onicofagia no se considera una enfermedad, sí es definida como una conducta repetitiva centrada en el cuerpo, es decir, un comportamiento automático que la persona realiza muchas veces sin plena conciencia. Y en general aparecer como respuesta a estados emocionales internos más que como una decisión consciente: una manera de descargar tensión, un recurso frente al aburrimiento, la concentración o la ansiedad.

Un hábito pequeño con grandes consecuencias

La onicofagia sostenida en el tiempo puede generar daños progresivos en las uñas y la piel circundante, que van mucho más allá de una cuestión estética. Las mordidas reiteradas provocan microlesiones, cortes e inflamación que alteran el crecimiento normal de la uña y debilitan la barrera natural de protección de la piel. Con el tiempo, esto puede derivar en uñas quebradizas, deformadas o dolorosas, y en un mayor riesgo de infecciones locales.

Dejar la onicofagia no suele lograrse únicamente con fuerza de voluntad: el primer paso es tomar conciencia del hábito.

Uno de los principales problemas asociados es la entrada de bacterias, hongos y virus a través de heridas abiertas o pequeñas grietas. La zona periungueal es especialmente vulnerable y puede desarrollar infecciones como paroniquia, caracterizada por enrojecimiento, dolor, hinchazón y, en algunos casos, supuración. A esto se suma el hecho de que debajo de las uñas suelen acumularse gérmenes que, al llevarse repetidamente a la boca, pueden ingresar al organismo y provocar infecciones bucales o molestias gastrointestinales.

El impacto también alcanza a la salud dental. El contacto constante entre uñas y dientes favorece el desgaste del esmalte, pequeñas fracturas, dolor mandibular e irritación de las encías. En paralelo, la visibilidad del daño en las manos suele generar incomodidad, vergüenza o conductas de ocultamiento, reforzando el malestar emocional y perpetuando el hábito.

La onicofagia es más común de lo que se cree

Cómo evitar o reducir el hábito de morderse las uñas

Abordar la onicofagia implica mirar más allá del gesto y comprender qué función cumple en la vida de la persona. Identificar los momentos en los que aparece —estrés, ansiedad, aburrimiento, concentración intensa— permite anticiparse y actuar antes de que el impulso se vuelva automático. La conciencia del hábito es, en muchos casos, el primer paso para modificarlo.

La onicofagia sostenida en el tiempo puede generar daños progresivos en las uñas y la piel circundante

Existen estrategias prácticas que pueden ayudar a reducir la conducta, como mantener las uñas cortas y cuidadas, protegerlas cuando están lesionadas y reemplazar el acto de morder por otra acción menos dañina. Sin embargo, cuando el hábito está profundamente arraigado o genera consecuencias físicas recurrentes, el acompañamiento profesional resulta fundamental. En casos más extremos herramientas como la terapia psicológica, en especial la cognitivo-conductual, puede ayudar a trabajar el manejo de la ansiedad, los impulsos y los desencadenantes emocionales.

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