Destinos InesperadosDestinos Inesperados

Sentía que el país ponía trabas a su hijo con discapacidad y halló calidad de vida en un lugar de ensueño: “Era agotador”

2026/03/18 14:00
Lectura de 11 min
Si tienes comentarios o inquietudes sobre este contenido, comunícate con nosotros mediante crypto.news@mexc.com

La llegada se asemejó a una película de ciencia ficción. Rosario Rivarola, su marido y sus cuatro hijos viajaron en el único vuelo que salió de Ezeiza, vacío, el 27 de junio de 2020. Llegaron a Fiumicino, que parecía un aeropuerto fantasma. De inmediato, los trasladaron a un apart hotel, en Umbría, para que cumplieran con la cuarentena obligatoria. El escenario asustaba, pero por aquellos días la adrenalina envolvía a Rosario, una mujer que, por fin, sentía que aquello que tanto había deseado se había vuelto realidad.

Dejar Argentina no había sido fácil, pero la perspectiva de un volver a empezar funcionaba como un motor potente. Sentía que las luchas que había atravesado junto a su familia en pos de construir una buena vida para su hijo con discapacidad quedaban atrás, y un horizonte incierto pero lleno de esperanza se abría ante ella.

Las luchas internas, un hijo con discapacidad y una Argentina con trabas: “Creía que me tenía que adaptar a la falta de inclusión”

Antes de Italia, Rosario lo único que quería era encajar. Luchaba por encontrar un espacio en el que pudiera fluir, pero, en el fondo, se sentía incómoda en todo lugar. Por el trabajo de su marido ya habían atravesado una experiencia de expatriación en México, hasta que nació Salvador, su segundo hijo. Estuvieron en tierra azteca por tres años, pero volvieron de urgencia ya que su bebé había llegado al mundo con una enfermedad neurológica - Síndrome de West- y Rosario quería estar cerca de sus vínculos.

Los siguientes nueve años en Argentina parecieron correr en calma. En ese tiempo tuvieron dos hijos más y el entorno no percibía las luchas internas de Rosario que, cada tanto, le planteaba a su marido la posibilidad de volver a irse.

“Nos afectaba mucho el día a día el tener que lidiar con todas las batallas que implica tener un hijo con discapacidad: conseguir maestra acompañante cada año, si esa maestra se enfermaba y no iba al colegio mi hijo tampoco podía ir, no lo dejaban hacer inglés ni materias tipo Arte y Música, a Gimnasia solo podía ir si yo lo acompañaba… Era agotador y encima quedaba afuera del grupo ya que sus intereses no eran deportivos”, describe Rosario.

La salida en Ezeiza.

“Si bien no buscamos activamente irnos, cuando la propuesta apareció, le dimos para adelante enseguida porque el destino (Italia) nos tentaba por demás”.

“La familia y los amigos se shokearon porque nuestra vida parecía ir sobre ruedas. Yo no expresaba mi incomodidad a viva voz porque no veía solución para lo que se sentía, creía que me tenía que adaptar a la falta de inclusión y que no había otras posibilidades”.

Un amor a primera vista, una mudanza dura y los vínculos humanos en Italia: “A los chicos los integraron enseguida”

La propuesta laboral en Italia puso en evidencia lo que Rosario anhelaba hacía tiempo, aunque intentara disimularlo. Deseaba una transformación en sus vidas, y si bien no sabía si en el país europeo las cosas serían diferentes, estaba dispuesta a patear el tablero y jugar con otras fichas.

Por supuesto, le preocupaba que Salvador no se adaptara, la intranquilizaba que, al no manejar el idioma, todo le resultara mucho más difícil, y que, en definitiva, el cambio le jugara en contra. Sin embargo, la magnífica geografía de su nuevo destino trajo un buen augurio.

Al mes de su llegada, alquilaron una casa en Spoleto, un lugar entre colinas, lleno de olivos del que Rosario se enamoró a primera vista: “Viví situaciones de mucha tristeza, como la muerte de mi papá por Covid, pero así y todo estaba en paz porque sentía que estaba donde tenía que estar. Enraicé enseguida y mi certeza hacía que sostener a los chicos fuera sencillo”, revela.

Al mes de su llegada, alquilaron una casa en Spoleto, un lugar entre colinas, lleno de olivos del que Rosario se enamoró a primera vista.

Durante tres años, la familia construyó paz en las colinas, hasta que cierto día tocó mudarse al norte de Italia, algo que los impactó de lleno, con el nuevo colegio, otra lengua a incorporar (francés) y, sobre todo, nueva gente: “Estos sí fueron años desafiantes y difíciles a nivel personal, no me sentía tan contenta como en el primer destino y aparecieron las dudas de si seguir acá o volver. Pasada la crisis que duró aproximadamente un año, hoy estamos contentos viviendo en Aosta, pero nos costó a todos adaptarnos a una cultura mucho más cerrada de lo que habíamos experimentado en el centro del país”.

“Lo que más me llamó la atención de los italianos fue lo parecidos que los encontré respecto a los argentinos. Me sentía mucho más en `casa´ que en México, incluso con un idioma del que todavía no sabía hablar. Y después la importancia que le dan a los alimentos. La comida es sagrada y hacen de eso un ritual que pasa de generación en generación. Incorporé esto y pasé de no saber cocinar nada a hacer la pizza casera los domingos haciéndola leudar por varias horas”, cuenta. “Lo raro es que viven muy apegados a la familia de origen. Incluso amplían las casas y les arman habitaciones pegadas a los hijos que se casan. Y nosotros viniendo de movernos tanto somos para ellos como bichos raros. `Yo no podría´, es lo que más me dicen las personas que conozco que jamás dejaron su pueblo, ni siquiera para irse a estudiar a la universidad. Por otro lado tienen pocos hijos, uno o dos como mucho, ese siempre es el tema que me preguntan, ¿cómo nos animamos a tantos?”.

“Lo raro es que viven muy apegados a la familia de origen. Incluso amplían las casas y les arman habitaciones pegadas a los hijos que se casan. Y nosotros viniendo de movernos tanto somos para ellos como bichos raros. `Yo no podría´, es lo que más me dicen las personas que conozco que jamás dejaron su pueblo, ni siquiera para irse a estudiar a la universidad

“La vida social es extremadamente más tranquila, con todo lo que eso implica. Extraño muchísimo mi círculo, pero también agradezco no tener programas todos los fines de semana. En el último destino me costó y me sigue costando bastante vincularme con las italianas, agradezco tener mis espacios personales de los que me enriquezco y no me pesa esa soledad sino que la revierto a mi favor. Pero la parte social la tiene que generar uno y a veces me frustra no encontrar una amiga para compartir mi día a día. A los chicos los integraron enseguida, los invitan a los cumpleaños y ellos mismos generan amistades según afinidad”.

Calidad de vida, los costos en salud, y la adaptación de un hijo con discapacidad: “Acá lleva la misma vida que sus hermanos”

En Italia, Rosario halló un ritmo más lento de vida, con más tiempo para la familia y más espacio para descubrirse en roles personales que desconocía. Asimismo, de a poco comenzó a disminuir su estado de alerta naturalizado, y cierto día, en las calles italianas, se percibió más tranquila respecto a la seguridad en la vía pública y dentro de su hogar. Le sorprendía cómo chicos se movían solos desde muy temprana edad y pronto los suyos comenzaron a manejarse de manera independiente al volver del colegio o ir a sus actividades extracurriculares.

Para Rosario, sin embargo, tener una buena calidad de vida siempre estuvo ligado a las posibilidades y el porvenir de Salvador. Ella soñaba con hallar ese lugar en el mundo donde su hijo con discapacidad pudiera desplegar su potencial sin trabas, excusas ni discriminaciones innecesarias: “Este es el aspecto donde mejor estamos respecto a Argentina”, asegura.

“Primero, en cuanto a que nuestro hijo con discapacidad acá lleva la misma vida que sus hermanos. Asiste las mismas horas al colegio que el resto de sus compañeros, está integrado en su grupo y no lleva la etiqueta del `distinto´. A nivel económico, sus terapias las cubre 100% el servicio de salud. La maestra integradora, que era una lucha conseguir cada año en Buenos Aires, acá te la brinda el colegio y si está enferma y no puede ir, ese día la cubre una suplente de la misma institución. Bajo ningún punto de vista el chico no puede ir al colegio, eso acá no existe”.

“Primero, en cuanto a que nuestro hijo con discapacidad acá lleva la misma vida que sus hermanos. Asiste las mismas horas al colegio que el resto de sus compañeros, está integrado en su grupo y no lleva la etiqueta del `distinto´

“Tuvimos mucha suerte porque desde que vivimos en Italia (6 años) nos tocaron personas que buscaron siempre lo mejor para nuestro hijo, fomentando sus virtudes y tratando de ayudarlo con lo que más le cuesta. Un año nos fue mal con una acompañante y lo planteamos al colegio, obtuvimos una respuesta inmediata”.

“Acá, en este aspecto me siento muy contenida y que no estamos mi marido y yo nadando solos contra la corriente de la discapacidad, sino todo lo contrario. Desde el colegio organizan reuniones con todos los padres de chicos neurodiversos para escuchar nuestras necesidades”.

“En Argentina sentía como una carga tener un hijo con discapacidad. No por él, sino por todo lo que había que luchar para garantizarle los derechos mínimos. Acá no son temas que ocupan lugar en mi cabeza. Su inclusión se da de manera natural porque el sistema está sustentado por bases sólidas, no existen las escuelas especiales, todo niño asiste a la misma escuela. Los maestros acompañantes no son sombras de los niños, sino que están como un recurso extra que necesita esa clase”.

Un nuevo comienzo

“Salvi asiste a un taller de música en horario escolar, lo acompaña caminando su maestra de apoyo y a fin de año fueron todos sus compañeros a participar de una actividad juntos para conocer el lugar donde Salvi va todos los jueves”, continúa Rosario. “Además del colegio. también asiste a un grupo de habilidades sociales con otros adolescentes donde lo van apuntalando en las áreas que le cuestan. Tienen programadas salidas para que comience a moverse de manera más autónoma por la ciudad”.

Aprendizajes y regresos a la Argentina que provocan nostalgia: “Los chicos no entienden que la vida allá no es ese pedacito que ven cuando vamos”

Encontrar una mejor calidad de vida para Salvador y la familia completa siempre fue prioridad, sin embargo, la pregunta de si volver o no a la Argentina, surge en las charlas. ¿Cómo sería esa realidad?, se pregunta Rosario, para comprender luego que lo que hoy quieren es permanecer en Italia.

Pero la tierra de origen convive con ellos y las punzadas de nostalgia visitan cada tanto. Al principio, a Rosario le hacía mal regresar y encontrarse con todo lo que se estaba perdiendo, mirar de frente eso que había que dejar para continuar con su elección de vida en otro lugar. Hoy le duele más por los chicos, que por ella.

“Yo entiendo y en definitiva son mis elecciones, a ellos se les hace difícil la distancia, el volver y querer quedarse, no entienden que la vida allá no es ese pedacito que ven cuando vamos. Me sigue costando mucho el momento de las despedidas, porque ya no tengo idealizado Italia y se que voy a extrañar aunque lo siga eligiendo. Cada año estoy mejor respecto a lo que uno sabe que tiene que lidiar cuando migra: convivir con la falta de afectos, no estar presente en situaciones importantes. Son unos días de adaptarme a mi lugar cuando llegamos; en eso, la rutina y retomar la vida que armamos, ayuda mucho. El lugar es divino, vivir entre montañas y paisajes de ensueño hace que agradezca mi realidad cada día. Me aferro a todo lo que encuentro positivo, que es muchísimo y lo disfruto sacándole el jugo sabiendo que nada es permanente y que hoy nuestro hogar es acá”.

“A nivel personal atravesé muchos desafíos con la migración que me hicieron crecer; desde el idioma, aceptar los tiempos de ellos tan distintos a los míos, el tener que arrancar de cero más de una vez, el sostener a un hijo cuando no está contento con las elecciones que hacemos sus padres. Como prestación recibí un regalo que fue el descubrimiento de mi vocación como escritora. Con todo el camino de introspección que hice y el tiempo para mí, empecé a escribir”, dice Rosario, quien publicó su primera novela ¿Quién vendrá a mi funeral? (Editorial Con M de Mujer), participó de una antología, viajó a España y estuvo presente en la Feria del Libro de Madrid. Asimismo, creó un espacio para acercar a más mujeres a que se conecten a través de la escritura: “Este reinventarme fue posible gracias a que estuve abierta a lo que la nueva vida, más serena, tenía para darme”.

“Este reinventarme fue posible gracias a que estuve abierta a lo que la nueva vida, más serena, tenía para darme”.

“Aprendí a convivir con la incertidumbre, a estar presente, a que se puede vivir sin tener todas las respuestas, a que no se puede estar seguro de todo antes de dar un salto al vacío. Distinto a lo que suelo escuchar de los que migran que no se sienten ni de acá ni de allá, yo me siento muy acá (a mi manera) hasta que piso Ezeiza y vuelvo a ser argentina de pies a cabeza”.

*

Destinos Inesperados es una sección que invita a explorar diversos rincones del planeta para ampliar nuestra mirada sobre las culturas en el mundo. Propone ahondar en los motivos, sentimientos y las emociones de aquellos que deciden elegir un nuevo camino. Si querés compartir tu experiencia viviendo en tierras lejanas podés escribir a destinos.inesperados2019@gmail.com . Este correo NO brinda información turística, laboral, ni consular; lo recibe la autora de la nota, no los protagonistas. Los testimonios narrados para esta sección son crónicas de vida que reflejan percepciones personales.

Oportunidad de mercado
Logo de Citigroup
Precio de Citigroup(CON)
$108.34
$108.34$108.34
+0.18%
USD
Gráfico de precios en vivo de Citigroup (CON)
Aviso legal: Los artículos republicados en este sitio provienen de plataformas públicas y se ofrecen únicamente con fines informativos. No reflejan necesariamente la opinión de MEXC. Todos los derechos pertenecen a los autores originales. Si consideras que algún contenido infringe derechos de terceros, comunícate a la dirección crypto.news@mexc.com para solicitar su eliminación. MEXC no garantiza la exactitud, la integridad ni la actualidad del contenido y no se responsabiliza por acciones tomadas en función de la información proporcionada. El contenido no constituye asesoría financiera, legal ni profesional, ni debe interpretarse como recomendación o respaldo por parte de MEXC.