De acuerdo con las estadísticas que se publican en Bloomberg, el tráfico en el Estrecho de Ormuz no se ha recuperado. La moderación en el precio del petróleo, bastante relativa, tiene que ver con los esfuerzos de Estados Unidos de facilitar dicho restablecimiento, hasta el momento con poco éxito.
La relativa calma en los mercados no tiene muchos datos que la señalen como definitiva. La variable más importante en todo este problema es la expectativa de inflación; y ésta no sólo no regresa, sino que ha dado un vuelco casi completo en cuanto lo que observaba en enero.
Las estimaciones que hacen los analistas y corredurías aún no se ajustan al alza; sin embargo, las inflaciones implícitas en las cotizaciones de los bonos que pagan una tasa por encima de la inflación, o las cotizaciones de los futuros de la tasa de fondos federales (la que establece la Reserva federal para un plazo de un día) describen un escenario en donde los participantes en los mercados han dejado de esperar una baja importante de las tasas y por el contrario, en varios casos, comienzan a anticipar alzas en un plazo menor a un año.
Esta semana se reúne el Comité de Operaciones de Mercado Abierto de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed).
El contexto de riesgo en el entorno geopolítico hace que nadie anticipe que en esta ocasión la Fed vaya a reducir su tasa de referencia. Será importante escuchar su postura con relación al conflicto y sobre todo, con respecto al futuro de la tasa de referencia.
Por lo pronto, en las cotizaciones de futuros de dicha tasa, que hasta principios de febrero llegaron a descontar que la Fed podría bajar en este mismo año por lo menos tres veces (de un rango actual de 3.50-3.75% a uno de 2.75 - 3.00%), ahora consideran solo una baja, motivada tal vez por el cambio de presidencia del instituto con una postura más flexible, que por las condiciones de la economía.
Los mismos pronósticos para 2027, anticipan ahora que cuando mucho la tasa de fondos federales podría bajar hacia un rango de 3.25- 3.5 por ciento.
Hay escepticismo de que la autoridad tenga elementos que le puedan ayudar a argumentar una reducción mayor, el principal por supuesto es el alza de la tasa de inflación, en especial si los precios de los energéticos continúan presionados.
Otro indicador de la desconfianza con respecto a la inflación es la tasa de equilibrio entre los bonos que pagan una tasa real (una sobretasa por encima de la inflación que se registre) y los que pagan una tasa nominal.
Los equilibrios implícitos se han disparado, para los bonos a un año de plazo, por ejemplo, la inflación de equilibrio es superior al 4.0%, muy por encima de cualquier estimación.
En México, a pesar de que la Junta de Gobierno del banco central dejó abierto el espacio para una baja adicional de la tasa de interés de referencia en su pasada reunión de febrero, las nuevas circunstancias han hecho que los participantes en los mercados también desconfíen.
A principios de febrero, la cotización de los futuros de la tasa interbancaria TIIE anticipaba implícitamente que Banxico podría bajar la tasa de referencia por lo menos dos veces más a lo largo del año hacia un nivel de 6.50%; lo mismo consideraban las encuestas entre analistas en las que algunos participantes apuntaban incluso a una tasa de 6.25 por ciento.
Dichas cotizaciones al día de ayer no solo no prevén ya una baja en lo que resta del año, sino que descuentan alzas en la tasa de referencia para el tercer trimestre este mismo año.
La desconfianza con respecto a la trayectoria de la inflación y la aversión al riesgo han provocado un giro de las expectativas bastante más fuerte que en Estados Unidos con relación a la ubicación de las tasas de interés.
Los mercados financieros normalmente reaccionan con fuerza ante nuevas circunstancias.
Es probable que dichos pronósticos se moderen en adelante ante noticias de menor tensión política, o incluso se reviertan y regresen a su punto inicial.
Pero no deja de llamar la atención que las apuestas en estos momentos se inclinan por un escenario muy distinto al que se preveía a inicios del año.
Como le decía al inicio de esta columna, no hay signos claros que los factores de presión se hayan quitado de la mesa. Faltan muchas cosas por definirse y el escepticismo es entendible.
*Rodolfo Campuzano Meza es director general de INVEX Operadora de Fondos de Inversión.
