“Perdiste, flaco”, le dijo mientras le agarraba el brazo uno de los tres hombres que lo rodearon el 17 de mayo de 1977, en una plaza de Flores. “Eran del grupo de tareas de la Esma”, recuerda hoy en diálogo con LA NACION Marcelo Brodsky en referencia a la Escuela de Mecánica de la Armada -que funcionó como centro clandestino de detención, tortura y exterminio-, a días de que se conmemore medio siglo del golpe de Estado que marcó el inicio de la última dictadura militar en la Argentina. “En ese momento apareció una persona –agrega-, que nunca supe quién era, y pegó tres tiros para defenderme. Yo salí corriendo y una bala me rozó la pierna”.
Tenía entonces veintidós años. Siguieron otros siete de exilio en Barcelona, donde estudió Economía y fotografía. Así salvó su vida aquel muchacho que se convertiría en uno de los impulsores del Parque de la Memoria y en el creador de una obra que hoy evoca a los desaparecidos desde varias de las colecciones institucionales más importantes del mundo. Y que hasta el 24 de abril se exhibe en Rolf Art como parte de un ensayo fotográfico reunido de forma integral en la muestra Buena Memoria, tal como se presentó en 1997 en la FotoGalería del Teatro San Martín con curaduría de Sara Facio.
“Son setenta fotos, pero esta fue la que me convirtió en un artista conocido”, agrega Brodsky mientras señala La Clase, en la cual se lo ve posando en 1967 junto a sus compañeros de primer año del Colegio Nacional de Buenos Aires. A su lado, otro adolescente aparece con la cara tachada por él con crayón rojo. “Martín fue el primero que se llevaron –escribió sobre la imagen-. No llegó a conocer a su hijo, Pablo, que hoy tiene 40 años. Era mi amigo, el mejor”.
Martín Bercovich fue secuestrado en mayo de 1976. Cinco meses después de que otro compañero de la clase, Claudio Tisminetzky, muriera en un enfrentamiento con el ejército. En agosto de 1979 se llevaron al hermano de Marcelo, Fernando Brodsky. Nada se supo sobre ellos desde entonces salvo por una foto carnet de este último rescatada de una pila que iba a ser incinerada en la Esma por Víctor Basterra. El obrero gráfico, que estuvo detenido durante más de cuatro años y logró también filtrar imágenes de los represores, protagoniza El ojo en la tormenta, libro de Pablo Corso publicado por Marea Editorial que se presentará este sábado. Pero esa es otra historia.
Cuando regresó a la Argentina en 1984, Brodsky acababa de cumplir cuarenta y quería trabajar sobre su identidad. “La fotografía, con su capacidad de congelar un punto en el tiempo, fue mi herramienta para hacerlo -recuerda en el libro Buena Memoria, que acompañó la muestra de 1997 e incluyó textos de Martín Caparrós, José Pablo Feinmann y Juan Gelman-. Empecé a revisar mis fotos familiares, las de la juventud, las del colegio. Encontré el retrato grupal de nuestra división, y sentí necesidad de saber qué había sido de la vida de cada uno”.
A los que logró localizar, los invitó a su casa y les propuso retratarlos con un elemento de su vida actual. Como fondo usó una ampliación de la foto de 1967, la primera en la que estaban todos juntos. La misma que llevó en su formato original a otras ciudades como Nueva York y Madrid, para acompañar los retratos de otros excompañeros que no habían podido ir a la reunión.
La versión ampliada de esa imagen fue intervenida por él con crayones para señalar el destino de cada uno en Puente de la Memoria, un acto realizado dos décadas después del golpe de Estado en el Colegio Nacional de Buenos Aires. Y ahora no sólo se exhibe de forma permanente en dicha institución, sino que integra las colecciones del museo Reina Sofía (España); el Met y el Museo de Bellas Artes de Houston (Estados Unidos); la Tate (Gran Bretaña); la Pinacoteca del Estado de San Pablo (Brasil); el Museo Nacional del Banco de la República (Colombia) y el Museo Nacional de Bellas Artes (Argentina).
Lo que se exhibe en Rolf, por primera vez desde 1997, es el ensayo completo con más de setenta fotografías, documentos originales de época y dos videos. Uno de ellos es el registro de aquel acto histórico en el Colegio Nacional, donde se puede ver cómo se leían en voz alta los nombres de un centenar de alumnos desaparecidos y la respuesta de sus familiares mientras levantaban sus fotos. “Gritaban ‘Presente!’, como un mantra –recuerda Brodsky-. Entre ellos estaba Vera Jarach, una madre de la línea fundadora de Plaza de Mayo, fallecida el año pasado. Ella era sobreviviente del Holocausto y perdió en la Argentina a su hija Franca, de 18 años”.
La muestra abarca también la reacción de otros alumnos del mismo colegio al enfrentarse con una historia tan cercana. Al día siguiente del acto, Brodsky logró registrar sus expresiones reflejadas en el vidrio que protegía la foto intervenida, gracias a la luz que entraba por los ventanales. “Se produjo esta situación de diálogo con la generación siguiente, estudiantes que tenían 15 años y ahora tienen 45”, señala el artista, antes de embarcarse a inaugurar su próxima exhibición en Alemania. Mientras tanto, en la galería porteña, otra foto suya del Río de la Plata se exhibe junto a la siguiente frase: “Al río los tiraron. Se convirtió en su tumba inexistente”.
“Esa foto es la que da origen al Parque de la Memoria –explica-. El grupo de estudiantes que organizamos el acto le encargamos a Pablo Reinoso un monumento de bronce de cuatro metros, con los nombres de las 109 víctimas del colegio. Y después le propusimos a las demás organizaciones hacer un parque de esculturas, porque sentíamos la necesidad de limpiar el río de esa carga de muerte a través del arte”.
Buena Memoria, el título del ensayo, fue tomado del testimonio de un alumno del colegio. “Tiene un doble sentido”, observa Rodrigo Moura, exdirector del Malba, en el texto curatorial que acompaña la exposición: “Se refiere tanto a la habilidad para recordar algo bien como a la idea de una memoria dulce –una posibilidad que la imagen apenas sugiere– frente a tantas vidas interrumpidas durante el periodo en que el Estado persiguió, torturó y ejecutó sistemáticamente a miles de ciudadanos”.
Buena Memoria de Marcelo Brodsky en Rolf Art (Esmeralda 1353), hasta el 24 de abril. Entrada gratis.