Llevamos años escuchando a Yann LeCun, uno de los padres de las redes neuronales, advertir que los modelos de lenguaje tienen un techo mucho más bajo del que imaginamos. Derivado de su salida como jefe de IA de Meta, ha convencido a varios inversionistas de que la respuesta debería ser otra.
Su nueva startup, AMI Labs, acaba de levantar 1,030 millones de dólares en una ronda semilla. Es una de las rondas de inversión más grandes en la historia y, sin duda, la mayor en Europa. Esto pone bajo la lupa el potencial de una empresa europea para lograr algo verdaderamente innovador en el mundo del aprendizaje profundo.
LeCun insiste en que ChatGPT, Claude, Gemini y toda la ola de IA generativa no son más que motores de manipulación de texto increíblemente sofisticados. Son buenísimos adivinando la siguiente palabra, claro, pero no tienen ni idea de por qué cae una manzana, cómo articular un brazo robótico o qué ocurre al mezclar dos líquidos. En resumen: carecen de un modelo del mundo.
Para resolver esto, él propone los world models (modelos del mundo) montados sobre una arquitectura llamada JEPA. La jugada no es escupir lenguaje token por token, sino lograr que la máquina construya representaciones internas de la realidad; darle una especie de “intuición” sobre el entorno físico. El dinero que ahora se está invirtiendo, no tendrá resultados en los primeros meses, ya que estos modelos no están aún listos para el primetime.
¿Y por qué nos debería importar esto en México? Básicamente, por todo.
Nuestra carta fuerte para esta década, aún con el tema tarifario, es el nearshoring. Pero para que esta relocalización funcione, las empresas que aterrizan aquí necesitan toparse con una capacidad productiva de alto nivel. Y México tiene mucho potencial para modernizar su manufactura.
Ya estamos viendo las primeras señales: Nuevo León amarró la primera planta de robots humanoides de América Latina y Aguascalientes metió la robótica en el centro de su política industrial. Además, la importación de robots industriales se disparó más del 20% recientemente y nuestras universidades gradúan a unos 65 mil ingenieros cada año.
El detalle es que un LLM no te va a coordinar una línea de ensamble automotriz, ni va a predecir la falla de una turbina, ni sabrá adaptarse al caos de un almacén en tiempo real. Si la apuesta de LeCun es correcta, la IA que realmente va a sacudir la economía mexicana será la que logre percibir, planear y moverse en el mundo físico. Y es un hecho que, aun con la IA agéntica, todavía no estamos ahí.
Esto nos deja tarea inmediata. Las plantas mexicanas tienen que clavar la mirada en robótica, visión computacional y sistemas de control, y dejar de obsesionarse solo con el último anuncio de OpenAI. A nivel académico, es urgente que la enseñanza en IA no se estanque en enseñar a hacer prompts o afinar transformers. Y desde la trinchera gubernamental, los incentivos del Plan México tienen que apuntar directamente a la robótica avanzada y a la IA industrial; y asegurarse que la educación pública siga la misma linea.
Para que México logre realmente ponerse a la par de las grandes potencias manufactureras, debemos apostar por el talento interno y poder adaptar estas tecnologías lo más rápido posible.


