El conductor Conan O'Brien, a la izquierda, y Sterling K. Brown actúan durante la ceremonia de los OscarEl conductor Conan O'Brien, a la izquierda, y Sterling K. Brown actúan durante la ceremonia de los Oscar

Premios Oscar 2026: el guiño a Matt Damon y el principal temor de Hollywood que reveló un momento clave de la ceremonia

2026/03/17 02:29
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Pocas horas después de la entrega de los Oscar y del final de la extensa temporada de premios hecha en Hollywood, ya se puede decir que la Academia repartió bastante salomónicamente sus estatuillas, que la ceremonia fue entretenida y que, salvo por algunas contadas excepciones, las turbulencias de la política interna y externa de los Estados Unidos en la actualidad no ocuparon demasiado espacio en las más de tres horas y media que duró la gala. Eso, claro, no significa que durante la fiesta no se aludiera a nada de importancia. De hecho, en más de una oportunidad, Conan O’Brien, el anfitrión de la gala, puso su considerable talento para el humor al servicio de reflejar uno de los temas que más preocupan a los integrantes de la industria cinematográfica. Y no, no se trata del futuro de Hollywood ante la compra de los estudios Warner por parte de Paramount, sino de la posibilidad de que el cine en las salas se transforme en, según el menos que elocuente Timothée Chalamet, una forma de arte que ya no le importe a nadie. O algo peor: una usina de historias redundantes, mediocres y aburridas diseñadas por el algoritmo de Netflix.

“Esta es una noche muy especial: es la primera vez de Ted Sarandos en una sala de cine”, bromeó O’Brien durante su monólogo inicial mientras las cámaras enfocaban al CEO de Netflix riéndose a carcajadas junto al resto de la platea. La estocada en referencia al poco interés que Sarandos manifiesta usualmente —salvo cuando quiso adquirir, sin suerte, un estudio de cine— por los estrenos de películas en salas, un punto de vista que aterra al viejo Hollywood, pero que muchas estrellas ya aceptaron con mansedumbre. Claro que el chiste del anfitrión, quien completó el pasaje “imitando” a Sarandos como si fuera un villano al estilo del señor Burns de Los Simpson, un personaje para el que O’Brien escribió al principio de su carrera, no agotó sus dardos contra la plataforma de streaming.

Conan O'Brien fue el conductor de los Oscar por segundo año consecutivo

Todo lo contrario. Con la ceremonia ya en marcha tras un segmento pregrabado que aludía al futuro de las grandes películas de Hollywood transformadas en contenido vertical para consumir desde el teléfono, la escena viró al blanco y negro para un supuesto homenaje dedicado al cine clásico. Así, el conductor se acodó en un piano instalado sobre el escenario para recrear junto al actor Sterling K. Brown una de las escenas más emblemáticas de Casablanca. Mientras O’Brien asumía el papel de Rick (Humphrey Bogart) atormentado por la reaparición de Ilsa (Ingrid Bergman), su gran amor, en su bar de Casablanca, Brown hacía las veces de Sam (Dooley Wilson), su pianista y compinche.

“Entonces, Rick, para recapitular, ¿te acabas de dar cuenta de que todavía estás enamorado de Ilsa aunque ella está casada con otro, no?”, dijo Brown mientras fingía tocar al piano el himno del film “As Time Goes By”. La recreación del famoso diálogo había comenzado con una versión modernizada en la que Sam insistió en repetir el nombre de Ilsa, en aclarar que era la mujer que había ghosteado a Rick en la estación de París y en confirmar que la Segunda Guerra Mundial que mencionaba su amigo “era la de Hitler, ¿no?”

El hilarante momento cómico tal vez haya pasado desapercibido para la mayoría del público, pero en el Teatro Dolby representó uno de los momentos más significativos y esclarecedores de la velada. Se trató de una crítica despiadada sobre la “fórmula Netflix” de producir películas donde los diálogos repetitivos, circulares y poco imaginativos están presentes para retener la dispersa atención de los espectadores. Una capitulación creativa que hace pocos meses Matt Damon explicitó durante la gira promocional de El botín, su más reciente película de Netflix. “Ahora nos plantean cosas como: “¿Podemos tener una secuencia de acción en los primeros cinco minutos del film? Queremos que los espectadores se queden. Y no estaría mal si repitieran la trama de la película tres o cuatro veces en los diálogos porque la gente está usando el teléfono al mismo tiempo que la está viendo”, detalló en su momento Damon sobre el proceso de realizar una producción para la plataforma.

Así, entre discursos emotivos, premios merecidos y bajo la mirada de toda la industria, la remozada escena de Casablanca se transformó en el momento más sincero, deprimente y certero sobre el estado de situación de la industria del cine que los Oscar fueron creados para festejar. Una industria que todavía conserva la habilidad de reírse de sí misma, pero que se parece cada vez menos a lo que fue.

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