México quedó en una posición que todavía no se puede evaluar con precisión.México quedó en una posición que todavía no se puede evaluar con precisión.

¿Dónde quedó parado México con los ajustes arancelarios?

2026/02/23 15:00
Lectura de 4 min

La decisión de la Suprema Corte de Estados Unidos que declaró ilegales los llamados aranceles recíprocos y el arancel del fentanilo no fue un simple ajuste jurídico. Reconfiguró, de golpe, el mapa arancelario de la principal economía con impactos globales.

México quedó en una posición que todavía no se puede evaluar con precisión.

Tras el fallo, el esquema cambió de forma significativa. México conserva arancel cero para los bienes que cumplen con el T-MEC. Pero para los productos que no están bajo ese paraguas, la tarifa baja del 25 al 15 por ciento. Canadá mantiene la exención bajo el acuerdo regional y el resto también pasa a 15 por ciento. La Unión Europea desciende de 20 a 15. China baja de 34 a 15. Vietnam, de 46 a 15.

El movimiento es evidente: el diferencial arancelario que beneficiaba a México frente a Asia y Europa se redujo drásticamente.

Es cierto que aproximadamente 83 por ciento de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos están cubiertas por el T-MEC. Ese bloque mantiene arancel cero y conserva la ventaja. Pero el 17 por ciento restante queda ahora en un entorno distinto. Antes competía contra productos chinos o vietnamitas con diferencias de 20 o 30 puntos porcentuales. Hoy, la brecha es de apenas 5 o 10 puntos en muchos casos.

Eso puede cambiar márgenes, incentivos y decisiones de abastecimiento.

Además, la estructura resultante es más compleja de lo que parece. La Corte invalidó los aranceles sustentados en la IEEPA, pero no tocó aquellos basados en otras legislaciones. Permanecen las tarifas sobre acero, aluminio, vehículos ligeros y pesados, cobre y autopartes. Y justamente esos son sectores donde México tiene mayor presencia exportadora.

En otras palabras, el núcleo industrial mexicano no está plenamente blindado.

Por si fuera poco, el nuevo arancel de 15 por ciento anunciado por Trump se basa en la Sección 122 del Trade Act, diseñada para responder a desequilibrios urgentes en la balanza de pagos. Por ley, solo puede mantenerse 150 días sin intervención legislativa. Es un instrumento transitorio y jurídicamente más vulnerable. Paradójicamente, el nuevo esquema es menos estable que el anterior.

¿Qué puede ocurrir ahora?

Primero, litigios. La Sección 122 rara vez se ha utilizado y ya hay cuestionamientos técnicos sobre si el supuesto desequilibrio que invoca la Casa Blanca cumple los requisitos legales. Además, empresas que pagaron aranceles bajo el régimen declarado ilegal buscarán reembolsos. El frente judicial apenas comienza.

Segundo, migración a instrumentos más duraderos. La Sección 301 o ampliaciones sectoriales ofrecen mayor solidez jurídica. Si el enfoque pasa de un arancel general a acciones por industria, México puede quedar expuesto precisamente donde es más competitivo: automotriz, electrónicos, maquinaria o agroindustria.

Tercero, política. El Congreso vuelve a ser actor central. Si el 15 por ciento encarece bienes de consumo y presiona la inflación, habrá presión para acotarlo. Si se convierte en fuente relevante de ingresos y herramienta negociadora, podría buscarse su extensión o sustitución legislativa. Y todo esto ocurrirá en el contexto de elecciones de medio término.

La lección para México es clara. La ventaja competitiva no descansa solo en el T-MEC, sino en la capacidad de utilizarlo plenamente. Cada exportador que no certifique origen o que enfrente trabas administrativas puede quedar atrapado en el 15 por ciento. La diferencia entre pagar cero o quince puntos es la diferencia entre ganar o perder un contrato.

El récord exportador reciente no fue únicamente resultado de proximidad y eficiencia. También fue, en parte, producto de un entorno arancelario excepcional que castigaba con mayor dureza a otros competidores. Ese diferencial hoy es menor.

Y cuando la ventaja deja de ser amplia y automática, se vuelve más frágil.

La coyuntura arancelaria de Estados Unidos no está cerrada. Está en transición. Entre sentencias, decretos y posibles ajustes legislativos, el terreno seguirá moviéndose en los próximos meses.

Para México, el margen no está en celebrar, sino en anticipar. Porque en esta nueva fase, la ventaja no será regalo de la coyuntura. Será resultado de precisión operativa, integración productiva y capacidad política.

Y eso exige menos complacencia por los buenos resultados obtenidos hasta ahora… y aún más estrategia.

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