Una nueva investigación científica permitió descubrir la causa real por la que las vacunas de AstraZeneca producían trombosis en casos aisladosUna nueva investigación científica permitió descubrir la causa real por la que las vacunas de AstraZeneca producían trombosis en casos aislados

Identifican la causa por la que vacunas de AstraZeneca ocasionan coágulos letales

2026/02/20 07:08
Lectura de 5 min

Durante años, los científicos de todo el mundo se preguntaron por qué la vacuna de AstraZeneca provocó coágulos sanguíneos mortales en algunas personas y en otras no. Este misterio generó pánico global y alimentó dudas masivas sobre las vacunas. Ahora, investigadores de la Universidad de Greifswald, en Alemania, acaban de revelarlo en un estudio publicado en The New England Journal of Medicine, una de las publicaciones médicas más respetadas del planeta.

La vacuna de AstraZeneca funcionaba usando un adenovirus como vehículo. Un adenovirus es básicamente el mismo tipo de virus que causa el resfriado común. Los científicos lo modificaron para que transportara instrucciones genéticas al cuerpo humano y así enseñarle al sistema inmune a reconocer al SARS-CoV-2. En la mayoría de las personas, esta estrategia funcionó sin ningún problema. Pero en un grupo muy pequeño, el organismo reaccionó de una manera completamente inesperada.

Esta reacción adversa fue bautizada como VITT, siglas en inglés de Trombocitopenia Trombótica Inmunitaria Inducida por Vacunas. Según la Agencia Europea de Medicamentos , en Europa se reportaron aproximadamente 900 casos de VITT tras la vacunación con AstraZeneca o Johnson & Johnson, incluyendo alrededor de 200 muertes. A nivel mundial se administraron más de 3,000 millones de dosis de AstraZeneca, por lo que el porcentaje de afectados fue ínfimo, aunque el impacto mediático fue enorme.

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Predisposición genética a las vacunas de AstraZeneca

Para entender qué salió mal, primero hay que comprender cómo funciona la defensa del cuerpo humano. El sistema inmune actúa como un ejército interno que aprende a identificar amenazas. Cuando detecta algo extraño, fabrica anticuerpos, que son proteínas especializadas que se adhieren al invasor y lo neutralizan. Además, tiene un mecanismo de ajuste fino llamado hipermutación somática, en el que las células modifican los anticuerpos para volverlos cada vez más precisos contra el enemigo detectado.

El problema surgió precisamente durante ese proceso de ajuste. Normalmente, el sistema inmune apuntaba correctamente hacia una proteína del adenovirus llamada pVII. Pero en los pacientes que desarrollaron VITT, ocurrió un error molecular durante ese ajuste. Un aminoácido con carga positiva llamado lisina fue reemplazado accidentalmente por uno con carga negativa llamado ácido glutámico. Este diminuto cambio, conocido como mutación K31E, alteró por completo la función del anticuerpo.

El anticuerpo que debía atacar al virus terminó confundiéndose de objetivo. En su lugar, comenzó a agredir al Factor Plaquetario 4 (PF4), una proteína del propio cuerpo que regula la coagulación de la sangre. Al atacar el PF4, el sistema inmune provocaba que las plaquetas se agruparan de forma masiva y descontrolada, formando coágulos en lugares inusuales del cuerpo, incluyendo el cerebro y los vasos del abdomen.

Pero este fallo no le ocurrió a cualquier persona. Los investigadores descubrieron que quienes desarrollaron VITT compartían una característica genética muy específica. Poseían una variante del gen IGLV3-21*02. Esta variante genética está presente en entre el 40% y el 60% de la población mundial, aunque en Asia Oriental solo la tiene el 20% de las personas. Sin esta condición preexistente en el código genético, el error molecular simplemente no ocurre.

Movimiento antivacunas tomó fuerza

La ausencia de una explicación científica durante años fue el terreno perfecto para que la desconfianza creciera. Cuando los primeros casos de VITT se reportaron en 2021, varios gobiernos tomaron medidas. El Reino Unido recomendó a los menores de 40 años buscar una vacuna alternativa. Esas decisiones preventivas, aunque responsables, fueron leídas por muchos como confirmación de que las vacunas eran peligrosas en general, lo cual no era preciso.

Las redes sociales amplificaron esa percepción de forma exponencial. Testimonios, titulares alarmistas y teorías sin respaldo científico circularon masivamente, sembrando dudas sobre la eficacia y la seguridad de todas las vacunas disponibles. El problema era que la ciencia aún no podía ofrecer una respuesta definitiva sobre por qué ocurrían los coágulos, y ese silencio fue interpretado como ocultamiento. La incertidumbre científica, que es parte natural de la investigación, se convirtió en combustible para la desinformación.

Tom Gordon, inmunopatólogo de la Universidad Flinders en Australia y coautor del estudio, fue directo al describir la importancia del hallazgo. Afirmó que era "la primera vez que se ha podido rastrear un trastorno autoinmune hasta el evento desencadenante original". Aclaró también que el problema no estaba en el diseño de la vacuna, sino en una serie de eventos moleculares improbables que solo se activaban en personas con una predisposición genética muy concreta.

Este descubrimiento tiene implicaciones que van mucho más allá del COVID-19. Los adenovirus también se usan como vehículos en vacunas contra el ébola, la malaria, la tuberculosis y enfermedades emergentes. Saber que existe una variante genética capaz de convertir un anticuerpo protector en un agresor del propio cuerpo permitirá diseñar terapias más seguras en el futuro.

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