Rey de Rosario, Ángel Di María no necesita que nadie le coloque una corona: al campeón del mundo le restaron cariño en mucha gente por las polémicas que acompañRey de Rosario, Ángel Di María no necesita que nadie le coloque una corona: al campeón del mundo le restaron cariño en mucha gente por las polémicas que acompañ

Ángel Di María: vigencia y una exhibición en el 2-0 de Rosario Central a Barracas

2026/02/16 11:58
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Si alguna vez, desde una oficina, creyeron que el reconocimiento a Ángel Di María en su regreso al fútbol argentino necesitaba constar de jugadas polémicas en su favor o de trofeos inexistentes, él mismo aprovechó el duelo entre Rosario Central y Barracas para trasladarles cómo se erró en esa conclusión. Con 38 años frescos, pareciera ser un chico que aspira a irse a Europa: su golazo en el 2-0 es apenas una pizca del potrero que exhibió.

En un torneo al menos decente, sin polémicas abundantes fecha tras fecha, ni las propias autoridades del fútbol argentino, con la seriedad que debieran imponer, no tuitearan de forma desafiante o postearan en redes sociales con el pecho inflado por la “liga de los campeones del mundo”, un duelo entre el “Canalla” y el “Guapo” no debería ser más que un ligero atractivo para cerrar un domingo futbolero. O bien servir para mirar con una sonrisa a Di María y sus destellos llenos de vigencia, que no están tan alejados de aquella versión personal clave para que la selección nacional bordara la tercera estrella.

En un duelo marcado por dos equipos que suelen ser noticia por las llamativas decisiones arbitrales, Di María rompió con esas supuestas necesidades: antes de su golazo ya era la figura indiscutida del partido.

El control remoto, en cambio, se accionó sin antes buscar la lupa que ayude a la visión clara de las acciones. Se encontraban dos equipos poderosos. De esos que con frecuencia vienen siendo noticia por las llamativas decisiones arbitrales en su favor. En otro momento ocurriría sólo con Barracas y las incontables polémicas que lo cobijaron desde su ascenso (incluso, antes), pero el mar de suspicacias también arrastró sin piedad a la estrella mundial.

Di María regresó para volver entero a su amado Central y, de paso, ser reconocido en cada estadio -algo que sigue ocurriendo-, pero las múltiples acciones discutibles hicieron que el festejo -en mucha gente- se transformara en rabia. Por los penales otorgados y discutidos desde su vuelta oficial ante el descendido Godoy Cruz, pero -sobre todo- por la entrega de un título (“campeón de Liga”, por ser el líder en la tabla anual 2025) sin precedentes ni anuncios previos.

Ricardo Rosica (en representación de Juan Román Riquelme), el tesorero Pablo Toviggino, el presidente Claudio Tapia y Cristian Malaspina (presidente de Argentinos), algunos de los que posaron al entregar el título de

Entonces, el cruce entre Rosario y Barracas llevaba al seguidor a emparentarlos con el concepto de la polémica. Y ver si pasaba “algo raro”. Por suerte para el fútbol no ocurrió nada de aquello.

También es cierto que no se resistieron ni un rato extenso como para poner en práctica la película que promocionaban. El reloj recién había superado el quinto minuto cuando Facundo Bruera dejó de mirar la pelota y le dio un empujón alevoso, con ambas manos, directo a la cara de Gastón Ávila. Gabriel Chade, segundo asistente de Pablo Echavarría, vio la acción, pero -al mismo tiempo- argumentó lo que nunca pasó: con su pulgar levantado, se señaló el pecho.

Angelito tiene el respaldo en la mitad de la cancha: un pequeño escalón detrás de su figura, Franco Ibarra dejó una clase más de cómo respaldar a un equipo tan ofensivo.

Consciente de la evidente impunidad tras una falta que ameritaba revisión por la agresión, el “Gato” tomó nota. A los pocos segundos buscó una pelota dividida con el brazo arriba y lo acertó también en el rostro. Bruera, tendido pero sin sangre, esperó por un llamado que tampoco llegaría: fue menos “grave” que la primera, pero estaban a mano, ellos y el criterio de los jueces.

Durante todo el encuentro el fútbol lo dio el conjunto de Jorge Almirón. Y el dueño absoluto fue “Fideo”: con velocidades para trasladar y gambetear incontrolables para las limitaciones del visitante, con pases excepcionales y una visión que el local desaprovechó para hacer grueso el resultado.

En la segunda mitad se vería el mayor dominio canalla. Y si en el primero ya había resaltado Di María, esta versión sería demasiado para el rival. A los 12 minutos aparecería el alarido del Gigante. Un centro de Giménez cayó en la zurda de Angelito, que abrió la zurda para una volea que se estrelló en el ángulo del arco. El rebote lo tomaría Agustín Sandez, que mandó otro envío y encontró la cabeza de Enzo Copetti, que venció a Miño.

Kevin Jappert quedó enganchado y lo habilitó, pero el diálogo con el VAR y el trazado de líneas impuso el suspenso que se potencia en jornadas semejantes. A los 23, otra acción de la gran figura del partido permitiría un centro rasante para Alejo Véliz, que se pasó y definió debajo del arco como pudo, pero la pelota se fue increíblemente al lado del palo.Y a pesar de otras chances pasadas, el broche -a los 44- lo pondría... Di María, que se regaló una perla para celebrar los 38 años cumplidos este sábado. No parece un hombre de tal edad. Tras ganar un rebote en el borde del área e irse mano a mano, el mundo entero se imaginó la definición picándola por encima del achique de Miño que terminó empleando.

Sentenció la historia para el primer triunfo de Central en Arroyito. No hacen falta penales: a Angelito le sobra en el fútbol argentino.

Lo mejor del triunfo de Rosario Central

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