Durante la pandemia de COVID-19, mujeres embarazadas pudieron o no contagiar a sus bebés del virus; seis años después, varios estudios indican cómo pudo afectarDurante la pandemia de COVID-19, mujeres embarazadas pudieron o no contagiar a sus bebés del virus; seis años después, varios estudios indican cómo pudo afectar

Los bebés de la pandemia: ¿Qué pasa con la salud de tu hijo si te dio COVID-19 durante el embarazo?

2026/02/15 21:00
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Durante gran parte de la pandemia del coronavirus (SARS-CoV-2), las conversaciones sobre COVID-19 en el embarazo estuvieron dominadas por una idea tranquilizadora: Los bebés rara vez daban positivo a la enfermedad. Los médicos señalaban que el virus pocas veces pasaba de la madre al feto.

Ese mensaje moldeó la guía médica y la percepción pública del riesgo, pero era incompleto. Los primeros estudios dependían en gran medida de pruebas de COVID-19 PCR con hisopos nasales que se enfocaban en si los bebés tenían una infección activa al nacer.

Sin embargo, esas pruebas no revelaban qué daños podían haberse producido en el útero. Conforme avanzó la pandemia de COVID-19, sobre todo durante las olas más virulentas ocasionadas por las variantes alfa, delta y ómicron de COVID, esa certeza empezó a resquebrajarse. Más embarazadas enfermaron gravemente. Aumentaron las tasas de muerte fetal. Patólogos y pediatras comenzaron a reportar daños inusuales en la placenta y patrones inmunológicos desconcertantes en recién nacidos.

Las mujeres que se contagiaron de COVID-19 durante el embarazo, tenían mayor posibilidad de que sus bebés fueran prematuros. (Cuartoscuro).

¿Qué daños causa el COVID-19 en los bebés cuyas madres se contagiaron durante el embarazo?

Cuando los investigadores empezaron a usar pruebas más sensibles que los hisopos nasales en recién nacidos, creció la evidencia de que muchos bebés estuvieron expuestos al coronavirus en el útero.

Las investigaciones vinculan la exposición al COVID-19 con cambios en la función placentaria y, en algunos niños, con mayor riesgo de trastornos del neurodesarrollo.

Aunque los riesgos absolutos parecen pequeños y la mayoría de niños expuestos se desarrollan con normalidad, los hallazgos subrayan la importancia de la vacunación contra COVID-19 y del monitoreo de largo plazo de los efectos del COVID. Aproximadamente 3.4 millones de bebés nacieron en EU en los primeros cuatro años de pandemia, incluidos más de 160 mil con exposición intrauterina conocida al SARS-CoV-2.

Se analizó sangre fetal de recién nacidos para encontrar rastros del SARS-CoV-2. (Cuartoscuro).

“Nuestra comprensión como comunidad médica es apenas la punta del iceberg”, asegura Nickie Andescavage, del Developing Brain Institute del Children’s National Hospital en Washington.

Las limitaciones de las pruebas PCR quedaron más claras en el verano de 2020, cuando investigadores del NewYork-Presbyterian y Weill Cornell Medicine examinaron bebés prematuros de madres que tuvieron COVID en el embarazo. Los recién nacidos daban negativo en pruebas nasales, pero aparecía material viral en sus heces, una señal temprana de que el virus había llegado al bebé en el útero, incluido el tracto gastrointestinal.

En la Cleveland Clinic, la viróloga materno-fetal Jolin Foo analizó tejido placentario, líquido amniótico, sangre del cordón umbilical y sangre fetal. Detectó rastros genéticos de COVID-19 en cerca de una cuarta parte de las muestras del lado fetal de la placenta, lo que sugiere que el virus puede cruzarla ocasionalmente.

¿Cuál es el hallazgo más importante sobre los ‘bebés de la pandemia’ de COVID-19?

Fue una proteína viral. Más de 60 por ciento de las muestras del lado fetal, en especial de líquido amniótico, contenían ORF8, proteína que no se replica sola pero puede permanecer meses tras la infección materna. Puede detonar una respuesta inflamatoria potente y prolongada que altera señales placentarias y el desarrollo temprano de órganos.

Durante la pandemia de COVID-19, estudios en recién nacidos indicaron que el SARS-CoV-2 puede cruzar la placenta a niveles muy bajos y aparecía en el sistema digestivo. (Cuartoscuro).

Zhiyun Wei y colegas de la Universidad de Fudan estudiaron órganos fetales tras interrupciones de embarazo en el segundo trimestre con madres infectadas. Analizaron más de 500 muestras de 32 tipos de tejido y hallaron que el virus SARS-CoV-2 puede cruzar la placenta de forma irregular y a niveles muy bajos. El material viral aparecía más en el sistema digestivo, la tiroides y el timo. La tiroides es clave en el desarrollo cerebral fetal.

“Aunque no hallamos evidencia sólida de infección directa en el cerebro fetal, la participación de la tiroides sugiere un posible vínculo con problemas de neurodesarrollo”, dice Wei, quien propone mayor vigilancia tiroidea en estos bebés.

Así, la pregunta cambió: ya no era solo si el bebé daba positivo al nacer, sino si la exposición en el útero, por infección de bajo nivel, fragmentos virales o inflamación, podía alterar sutilmente el desarrollo y aumentar la vulnerabilidad a condiciones neuropsiquiátricas futuras.

Estudios de seguimiento refuerzan esa preocupación. Karin Nielsen, de UCLA, encontró mayores tasas de retraso motor y del lenguaje, y señales asociadas al espectro autista. Andrea Edlow, del Massachusetts General Hospital, analizó más de 18,000 nacimientos y observó que los niños expuestos tenían 29 por ciento más probabilidad de diagnóstico de trastorno del neurodesarrollo antes de los 3 años.

Los científicos indican que las vacunas contra el COVID-19 siempre serán la mejor 'arma' para mujeres embarazadas y niños. (Cuartoscuro).

Un estudio de 2026 liderado por Andescavage halló diferencias cerebrales sutiles a semanas del nacimiento, luego vinculadas con menores puntajes cognitivos y más conductas de ansiedad a los 2 años. La especialista sigue a los niños hasta edad escolar, cuando es más fácil detectar problemas y aplicar terapias. “Una de nuestras mejores herramientas es la intervención temprana”, señala.

Los investigadores aclaran que la exposición no condena a malos resultados. La mayoría de niños estará bien y los riesgos parecen sutiles. Pero los hallazgos cuestionan la idea inicial de que un test negativo al nacer implicaba ausencia de impacto fetal.

Muchas investigaciones se hicieron antes de las vacunas contra COVID-19. La vacunación reduce la enfermedad materna y la inflamación placentaria, procesos hoy ligados a la exposición fetal. “Cuando estuve embarazada me vacuné sin dudar”, dice Foo, aunque reconoce que fue difícil convencer a algunas mujeres.

Años después de la crisis aguda, los científicos creen que las consecuencias más silenciosas de la pandemia podrían seguir desarrollándose en niños cuya primera exposición al virus ocurrió antes de nacer. El Covid puede sentirse como historia pasada, pero para la generación nacida en pandemia, el relato científico aún no termina.

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