Los directores generales toman alrededor de 3,000 millones de decisiones al año, tomar la mejor decisión es clave para que las estrategias se ejecuten, los equipos avancen y los resultados se materialicen; sin embargo, la toma de decisiones en las organizaciones sigue estando más guiada por la intuición que por métodos estructurados.
Aunque pueda parecer un terreno complejo, no todo está perdido. Existen herramientas y prácticas que los líderes pueden implementar para tomar mejores decisiones de manera constante, apoyándose en principios de la economía conductual y en el uso estratégico de la tecnología. El reto no está en la falta de información, sino en saber cómo procesarla, reducir sesgos y convertirla en decisiones efectivas.
De acuerdo con un estudio de Harvard Business Review, realizado a 100 gerentes durante tres meses, se encontró que aquellos que tomaron decisiones basadas en las mejores prácticas alcanzaron los resultados en el 90% de los casos y cuatro de cada 10 superaron las expectativas.
No obstante, otro estudio, en el que se encuestó a 500 gerentes y ejecutivos, revela que la mayoría de las organizaciones aún no ha incorporado herramientas formales para mejorar su toma de decisiones. Apenas 2% de los líderes aplica de manera regular mejores prácticas, y son pocas las empresas que cuentan con sistemas para medir y perfeccionar la calidad de sus decisiones a lo largo del tiempo.
Si bien la tecnología puede apoyar el proceso al generar opciones o reducir la carga operativa de decidir, por sí sola no es suficiente. Es necesario saber qué pedirle, cómo interpretarla y, sobre todo, cómo eliminar los sesgos cognitivos que influyen en cada elección.
Por ello, Harvard Business Review comparte siete claves prácticas para mejorar la toma de decisiones gerenciales.
1. Escribe cinco objetivos o prioridades preexistentes de la empresa que se verán impactados por la decisión. Enfocarse en lo que es importante te ayudará a evitar la trampa de la racionalización, es decir, inventar razones para justificar las decisiones después de haberlas tomado.
2. Redacta al menos tres alternativas realistas. Puedes necesitar un poco de esfuerzo y creatividad, pero ninguna otra práctica mejora más las decisiones que ampliar las opciones.
3. Identifica la información más importante que haga falta. Corremos el riesgo de ignorar lo que no sabemos porque nos distrae lo que sí sabemos, especialmente en los negocios actuales, tan ricos en información.
4. Describe el impacto que tendrá una decisión dentro de un año. Contar brevemente la historia del resultado esperado de la decisión ayudará a identificar escenarios similares que puedan ofrecer una perspectiva útil.
5. Involucra a un equipo de al menos dos personas, pero no más de seis. Obtener más perspectivas reduce los sesgos y aumenta el compromiso; sin embargo, los grupos más grandes tienen rendimientos decrecientes.
6. Documenta la decisión y el por qué y cuánto está respalda por el equipo. Dejar constancia de estos aspectos incrementa el compromiso y establece una base para medir los resultados de la decisión.
7. Programa un seguimiento de la decisión dentro de uno o dos meses. A menudo olvidamos revisar cuando las decisiones están yendo mal, perdiendo la oportunidad de hacer correcciones y aprender de lo ocurrido.
En un entorno empresarial cada vez más complejo, decidir mejor se ha convertido en una ventaja competitiva. Adoptar prácticas estructuradas no solo mejora los resultados, sino que fortalece la cultura organizacional y la capacidad de aprendizaje de los equipos. Al final, la calidad de una empresa también se mide por la calidad de las decisiones que toma.
