El sable corvo del Libertador fue adquirido por él mismo en Londres en 1811, unos meses antes de iniciar su retorno a la Patria, como elemento esencial que lo aEl sable corvo del Libertador fue adquirido por él mismo en Londres en 1811, unos meses antes de iniciar su retorno a la Patria, como elemento esencial que lo a

El sable corvo del general San Martín

2026/02/02 11:09

El sable corvo del Libertador fue adquirido por él mismo en Londres en 1811, unos meses antes de iniciar su retorno a la Patria, como elemento esencial que lo acompañaría en la campaña libertadora. Más de veinte años de experiencia en combate frente a la grande armée napoleónica lo llevaron a elegir un típico sable de caballería, de hoja curva más eficiente para el corte montado, liviano y fácil de “sablear” sin que se trabe en el cuerpo de enemigo. No era un sable de ceremonias, sino de combate, austero, para cumplir con la finalidad para la que había sido forjado con esmero.

En la actualidad existen distintas opiniones acerca de dónde debe permanecer el sable de nuestro General, tanto en custodia como en exhibición. Cabe compartir una opinión sustentada en 60 años de admirada lectura de la vida y el legado anmartinianos. En primer lugar, es importante destacar que el sable es un símbolo del mando para un oficial. De hecho, en la ceremonia de egreso, los nuevos oficiales del Ejército reciben en mano el sable, que es aspecto distintivo de los oficiales y que los acompañará guiándolos durante toda su carrera militar. No viene al caso ahondar sobre el significado de cada uno de sus componentes, que son muchos e importantes.

El sable de oficial es reemplazado por el sable corvo, (símil al del general San Martín) cuando los coroneles del Ejercito Argentino son promovido al grado de general. En esa ceremonia, realizada en el Salón Blanco de la Casa Rosada, los nuevos generales reciben una replica del sable corvo del Libertador, de manos del presidente de la Nación como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, simbolizando la delegación del mando para quienes deben conducir la Fuerza. Tanto el sable de oficial como el de general llevan grabados en su hoja el nombre de quien lo recibe, manteniendo así muy vivo el compromiso que cada uno de ellos asume al aceptar el mando como guía para conducir a sus subordinados con honor.

Es un símbolo, pues en la guerra moderna no se combatirá con sable, pero los oficiales lo llevan. Un ejemplo de ello es lo que ocurrió en la Guerra de Malvinas. Al finalizar el conflicto el entonces capitán británico Hugo White se quedó como “trofeo de guerra” con el sable del entonces teniente argentino Ricardo Martín Jaureguiberry. Años después, tras el fallecimiento del entonces almirante White, su esposa, Lady Josephine Mary Lorimer, quiso devolver el sable a su legítimo dueño. El nombre grabado en la hoja de acero correspondía al actual coronel retirado Jaureguiberry, que había terminado una brillante carrera militar recibiéndolo en un íntimo y emotivo acto en la embajada británica en Buenos Aires, a fines de 2018. Increíblemente, 42 años después el Coronel Jaureguiberry se volvió a reunir con su sable, su símbolo de mando.

Una de las grandes obras de San Marín fue la creación de un cuerpo de élite en el que depositaba toda su confianza por su profesionalismo, valentía y disciplina, al punto de expresar: “De lo que mis granaderos son capaces, solo lo sé yo; quien los iguale habrá, quien los exceda no”. Los Granaderos se ganaron el derecho de seguir “velando las armas” custodiando el sable de general siguiendo la costumbre caballeresca de medioevo de permanecer en apresto la noche anterior a la batalla. San Lorenzo, Chacabuco, Cancha Rayada, Maipú, la campaña de la Sierra, hasta llegar a Ayacucho, así lo atestiguan. Se lo ganaron en combate como nadie. Ese es el fundamento principal que avala su exhibición y custodia en el Regimiento, de forma que San Martín siga guiando a sus amados Granaderos desde la eternidad.

Existen otros aspectos a considerar. Cuando San Martin escribe su testamento el 23 de enero de 1844, cedió el sable a Rosas, mencionando: El sable que me acompañó en toda la guerra de la independencia… y agregaba: “como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la republica….”. Seguramente el General consideró que en ese momento (enero 1844) Rosas era la persona que merecía custodiar su sable. Recordemos que 78 de sus Granaderos regresarían a Buenos Aires en 1826 a mando del coronel Bogado cubiertos de ignorada gloria. El Regimiento había sido disuelto por Bernardino Rivadavia, el 23 de abril de ese año 1826, es por ello que no era posible dejar el sable en resguardo de sus Granaderos. Qué dolor habrá embargado al general al ver disuelta su preciada obra.

Más tarde la familia de Rosas entregó el sable al Museo Histórico Nacional, en 1896, pero en ese momento tampoco existía el Regimiento de Granaderos, que fue recreado sólo el 3 de febrero de 1903 por el presidente Roca. En resumen, no hubo opciones de pensar en el Regimiento de Granaderos en aquel entonces. Sin embargo, cuando el sable fue recuperado después de haber sido robado del Museo Histórico Nacional, permaneció en esmerada custodia durante 48 años en el Regimiento.

Actualmente, el Regimiento de Granaderos esta finalizando un museo de última generación que se abrirá al público, lo que permitirá que el sable sea exhibido junto con muchas muestras del legado sanmartiniano que sus soldados custodian con fervor. Seguramente así lo desearía el Padre de la Patria.

En definitiva, dejemos el símbolo de mando del jefe de Regimiento de Granaderos a Caballo junto a sus hombres, que es donde debe estar. Como expresó el Libertador: “Mi sable nunca saldrá de la vaina por opiniones políticas”.

Grl. (R); académico del Instituto Sanmartiniano

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