Como una particularidad propia de la Argentina, la historia y el presente recogen una sinergia política entre un hombre y una mujer, como en un binomio que a veces suma, y que otras veces resta. Podrá ser un lazo de amor de matrimonio, un vinculo entre padre e hija, de camaradas o incluso de hermandad, pero lo cierto es que los registros históricos dan ejemplos de un encuadre personal de esa naturaleza. Habrá que ver ahora si en el gobierno actual hay una sinergia positiva y exitosa.
La magnitud del fenómeno de Perón no puede entenderse sin calibrar la popularidad de Evita, así como el resurgir del justicialismo de los 70 no se puede comprender sin aquella fórmula de peronismo puro, con Isabelita en la candidatura Perón-Perón.
Menem sintió que precisaba una imagen femenina a su lado, y lo intento con Zulema hasta que vio que eso era perjudicial, y entonces apeló a Zulemita.
Duhalde ideó tácticas partidarias con “Chiche”, su esposa y correligionaria, y sin quererlo, abrieron el juego a un matrimonio que los desplazaría: Néstor y Cristina.
Cristina, viuda y con “techo” electoral, buscó dupla con Alberto Fernández para evitar la resistencia a su nombre y conservar poder desde una vicepresidencia.
Milei llegó al poder en un vertiginoso periplo de crítica áspera a la política y como abanderado de un liberalismo idealista extremo; también llegó soltero. Se expuso con fugaces romances con figuras del espectáculo, aunque la mujer firme a su lado ha sido y es su hermana Karina.
Curiosas vueltas de la vida política de la Argentina, que muestra al mundo retratos de parejas en el vértice del poder. Importa siempre conocer quiénes están en el círculo estrecho del presidente para la toma de decisiones y cómo influyen, en un núcleo que tiene roles diversos para asesores o allegados; pero en la Argentina es necesario conocer de primera mano el relacionamiento de parejas.
Nacido en un hogar de clase media, Juan Domingo Perón (Lobos, Prov. Bs. Aires; 1895-1974) afirmó su carrera militar en Italia con el fascismo en ebullición (1938-1940) y al volver a la Argentina se vinculó con la logia que propició el golpe de Estado de 1943.
En aquella dictadura, como coronel, ocupó un cargo que parecía de menor entidad: secretario de Trabajo y Bienestar Social, pero que supo utilizar como catapulta a un liderazgo. En un festival para recaudar fondos para las víctimas del terremoto de San Juan, conoció a María Eva Duarte (Los Toldos, PBA; 1919-1952) que era una actriz de radioteatro y cine, que se acercó a Perón para proponer una estrategia de recaudación más directa.
Perón -viudo de Aurelia Tizón- vio en Eva tres características: sensibilidad hacia los pobres y los afectados por aquel drama, inteligencia para planear acciones de solidaridad y firmeza para pararse frente a un gobernante. Poco después inciaron un romance y se casaron en octubre de 1945 con boda religiosa en diciembre.
“Evita” fue clave en la campaña de 1946 y como “primera dama”, pero más que eso, fue una líder con luz propia. En 1948 creó la Fundación para obras sociales y luego el Partido Peronista Femenino. Para 1951, asomaba como candidata a vice, pero en medio de tensiones políticas debió hacer su “renunciamiento”. Influyó en Perón para sumar popularidad y para incidir con medidas populistas que marcaron el futuro del país.
Viudo por segunda vez (ella murió en 1952, a los 33 años), y derrocado por el golpe de 1955, Perón se fue al exilio y conoció a otra mujer, también del mundo del espectáculo, María Estela “Isabelita” Martínez (La Rioja, 1931), con la que contrajo matrimonio y a la que adoptó como discípula: la preparó en todo lo necesario para la política.
Con Héctor Cámpora como presidenciable temporal para lograr el levantamiento de la proscripción, el general volvió con Isabelita a Buenos Aires y la fórmula Perón-Perón arrasó en las urnas en octubre de 1973 con el lema Frente Justicialista de Liberación (Frejuli). María Estela se convirtió en vicepresidenta de la República y “primera dama”.
A casi nueve meses de haber asumido Perón murió de un infarto y ella asumió la presidencia, por 21 meses, para mostrar las enseñanzas del general con el discurso desde el balcón de la Casa Rosada. Pero tras el golpe de Estado militar se refugió en España.
La próxima pareja política y peronista se dio en el conurbano bonaerense, con un dirigente de contacto directo con los “punteros”: Eduardo Duhalde (Lomas de Zamora, 1941) e Hilda González “Chiche” (Lomas de Zamora; 1946). Él fue concejal por Lomas de Zamora (1973-4), intendente en ese partido (1983-7), diputado por la provincia (1987-9) y compañero de fórmula de Menem, por lo que fue vicepresidente de la Nación (1989-91). Luego, gobernador de Buenos Aires en dos períodos (1991-9), y candidato presidencial en 1999 para suceder a Menem, pero perdió ante la Alianza (De la Rúa) y quedó como senador (2001-2).
La caída de Fernando de la Rúa y el vértigo de presidentes subrogantes dejó a Duhalde en el sillón presidencial. Justo a quien había perdido la elección para ese período. Eduardo y Chiche manejaron los hilos para frenar a Menem y otros potenciales rivales y buscaron un “socio menor” para hacerlo presidente y conservar poder. Eligieron mal.
Así llegó a Casa Rosada otra pareja histórica con Néstor Kirchner (Río Gallegos, 1950-2010) y Cristina Fernández (La Plata, PBA; 1953), que fueron vistos como leones “herbívoros” pero era “carnívoros”. Se habían conocido en la Universidad de La Plata estudiando abogacía, y se casaron en 1975. Siguieron juntos la carrera política. Él fue intendente de su ciudad, Río Gallegos (1987-91), gobernador de Santa Cruz por tres períodos (1991-2003) y, en un balotaje ganado por walkover, se convirtió en presidente de la Nación (2003-07).
Comenzaba la alternancia de los esposos en el poder, aunque Néstor murió en 2010. Cristina había sido diputada en Santa Cruz (1989-94), convencional constituyente (1994), senadora por Santa Cruz (1995-7), diputada (1997- 2001) y senadora (2001-5) para luego ser presidenta en dos períodos (2007-11 y 2011-5). Tras la derrota frente a Macri y dado el rechazo que causaba, ideó su regreso en fórmula con Alberto Fernández (Buenos Aires capital, 1959), con ella como vice.
Alberto había sido jerarca estatal en gobiernos de Alfonsín, Menem y Duhalde, jefe de campaña de Néstor en 2003, y jefe de Gabinete de los dos primeros gobiernos kirchneristas (renunció por el escándalo del enfrentamiento con el sector agropecuario).
Así se pasó de Kirchner-Kirchner a Fernández-Fernández, y con una relación Cristina-Alberto que fue muy mala; y mala fue la gestión que derivó en un empobrecimiento del país y una inflación que aturdía, en el marco de una corrupción voluminosa.
El enojo del electorado llevó al sillón de Rivadavia a un economista liberal extremo, tan enojado como el electorado: Javier Milei (Bs. Aires, 1970) que no llegó solo, sino con su hermana Karina Milei (Bs. Aires, 1973). Milei se desempeñaba cmo economista en el ámbito privado y emergió como panelista polémico en debates de TV; registró un partido y fue diputado por ciudad de Buenos Aires de 2021 a 2023.
Ahora la clave está en la interacción entre Javier y Karina para la segunda mitad del mandato, y en cómo puede ayudar eso para aprovechar una oportunidad histórica para el crecimiento. El sinuoso camino de la economía argentina va despejando el drama de la inflación y encuentra un horizonte de perspectivas auspiciosas, que no están aseguradas.
Sea para el ejercicio de la catarsis privada, sea para consejos en la intimidad o como filtro ante reacciones inconvenientes, ese vínculo de hombre-mujer, esta vez hermanos, refleja algo típico argentino en el poder y será clave para determinar el futuro. La suerte de la Argentina está otra vez en manos de una pareja.

