Trump festeja cínicamente su primer año de gobierno con una foto creada por IA en la que se muestra amenazante. México —como resultado de los trabajos en materia de seguridad y cooperación bilateral— envía a Estados Unidos a 37 presos vinculados a delincuencia organizada. Canadá pronuncia un discurso histórico e imperdible en Davos sobre la ruptura del orden mundial. Cada uno hace lo que puede, con lo que tiene.
El Foro Económico Mundial (FEM) o Foro Davos se fundó en 1971 para copiar la moderna gestión empresarial de Estados Unidos en las empresas europeas. Después, eventos críticos como la crisis del petróleo de 1973 hicieron que el FEM ampliara su enfoque e incluyera a líderes políticos, ejecutivos y académicos en las discusiones económicas y sociales de alcance global. Para finales de los 80, Davos se consolidó como un espacio neutral para las diferencias internacionales.
Desde la contención de desencuentros entre naciones como Turquía y Grecia hasta la concreción de acuerdos democráticos tras el apartheid sudafricano, el FEM ha participado activamente en la pacificación internacional. También ha movilizado miles de millones de dólares para vacunas y condiciones sanitarias, mejorando la salud global, y ha impulsado campañas ambientales globales, logrando articular políticas climáticas entre gobiernos y el sector privado.
Sin embargo, hoy durante su Foro 2026, vemos que el modelo capitalista que dio origen al FEM ha afectado el propio orden mundial. Sí, Davos está siendo víctima de su propio éxito.
Claramente, Groenlandia y las amenazas de Trump han sido las notas estelares de la agenda del FEM. En palabras del primer ministro canadiense, Mark Carney, es tiempo de reconocer que vivimos en una mentira internacional que había sido útil mientras la hegemonía estadounidense ayudó a proveer bienes públicos, pero que ahora, cuando las grandes potencias usan la integración económica como arma y abandonan las normas en beneficio propio, debemos frenar y llamar a la honestidad de las medianas potencias como antídoto contra el poder de los más poderosos.
Con esto puede pensarse que el FEM está sirviendo de nuevo como terreno históricamente neutral. Sin embargo, quiero enlazar este hecho con la reciente publicación del informe de Oxfam, Contra el imperio de los más ricos, porque puede ser que, cuando menos en parte, el caos mundial surgió del mismo Davos.
Oxfam acaba de publicar que la riqueza de los milmillonarios alcanzó niveles récord en 2025, creciendo más de 16%, lo que constituye un fracaso de la iniciativa económica de Davos sobre el “Stakeholder Capitalism” y el “Gran Reinicio, 2020”. Esto es, si bien el FEM, en el discurso, busca disminuir las desigualdades estructurales, al implementar el modelo capitalista, Davos se revela como el auge de los superricos y la normalización de una concentración extrema de poder económico y político en una cúpula cada vez más reducida.
Las consecuencias de esta concentración no se limitan al plano económico, sino que lastiman la vida democrática. Oxfam advierte que la influencia desmedida de los superricos en el diseño de políticas públicas distorsiona la representación plural, reprime derechos, criminaliza la protesta social y desatiende a una ciudadanía golpeada por un costo de vida cada vez más insostenible.
También señala que la acumulación en la cúspide estanca y retrocede la reducción de la pobreza. A ello se suman políticas de austeridad que recortan el gasto en salud, educación y protección social, junto con una creciente precarización laboral marcada por salarios estancados e informalidad. Así, el crecimiento económico de los superricos profundiza las desigualdades estructurales.
Con su informe, Oxfam aclara que no es una crisis económica, sino una crisis de poder. Y eso es lo que se vive en el orden global y se concreta en el FEM 2026 en Davos. La geopolítica de las grandes potencias no tiene frenos y, sin su voluntad, es difícil lograr puntos de encuentro.

