Dos exempleadas denunciaron a Julio Iglesias por agresiones sexuales y maltratos cometidos presuntamente en sus mansiones del Caribe durante 2021. Los testimonios integran una investigación en conjunto realizada por el Diario.es en colaboración con Univision Noticias sobre conductas de violencia física y verbal atribuidas al cantante.
Las imputaciones recaen sobre el músico de 82 años por parte de dos mujeres: una pertenecía al servicio doméstico y la otra se desempeñaba como fisioterapeuta. En las acusaciones, ambas empleadas utilizaron nombres ficticios, Rebeca y Laura, para proteger su identidad y sostienen que el cantante las agredió sexualmente y las humilló durante su estadía laboral.
Las mujeres describen tocamientos indebidos, besos no consentidos y presiones para mantener relaciones íntimas con la complicidad de otros empleados de mayor jerarquía.
Rebeca relató la frecuencia de los abusos y la sensación de deshumanización que experimentó en aquel momento. “Me usaba casi todas las noches. Me sentía como un objeto, como una esclava”, afirmó la trabajadora. Según su versión, el artista español la mandaba a llamar a su habitación al finalizar la jornada y abusaba de ella. Estos actos contaban con la presencia y participación de alguna trabajadora de mayor rango.
Laura detalló episodios concretos de contacto físico contra su voluntad. “Estábamos en la playa y él se acercaba y me tocaba los pezones”, recordó la fisioterapeuta sobre la conducta de Iglesias. También mencionó que el intérprete la besó en la boca y le tocó el pecho sin su consentimiento.
Los medios elDiario.es y Univision Noticias contactaron a 15 extrabajadores para corroborar el contexto, un grupo que incluyó personal doméstico y profesionales activos entre finales de los años noventa y 2023 en las casas de República Dominicana, Bahamas y España. El reporte periodístico concluye: “Estas entrevistas describen las condiciones de aislamiento de las mujeres, los conflictos laborales, la estructura jerárquica del personal y la tensión ambiental que generaba el carácter irascible de Iglesias”.
Laura describió al cantante como “una persona muy controladora” que ejerce el poder “a través del miedo”. El ambiente se caracterizaba por peleas constantes y enojos ante cualquier tarea que no cumpliera con el criterio del dueño de casa. Esto mantenía a las empleadas en un estado de alerta permanente. “Amenaza con despedirte y constantemente te recuerda que estar trabajando para él es lo mejor que te ha pasado en la vida. Vive recordándote cuáles son las reglas, qué puedes hacer y qué no”, añadió la denunciante.
El control invadía la privacidad más estricta de las trabajadoras. Iglesias vigilaba la cantidad de comida que se servían e indagaba sobre sus ciclos menstruales. Rebeca, quien tenía 22 años en ese momento, señaló que su jefe revisaba su teléfono celular en cualquier momento. Existían prohibiciones explícitas: no podían tener novio, sacarse fotos dentro de la propiedad ni relacionarse con los empleados de mantenimiento.
Las denunciantes trabajaron durante el período de crisis sanitaria global. El miedo al contagio llevó al artista a imponer reglas estrictas de circulación. Las empleadas domésticas tenían prácticamente vedada la salida de la finca. Los encargados y los hombres del personal sí contaban con autorización para circular, según el relato de los distintos trabajadores consultados.
El proceso de contratación para la residencia en República Dominicana carecía de formalidad. No existían contratos escritos ni entrevistas laborales tradicionales. Los anuncios aparecían en redes sociales y ofrecían alojamiento incluido. El requisito consistía en tener entre 25 y 35 años y enviar un currículum junto con imágenes de cara y cuerpo entero.
Una vez en la residencia, el trato derivaba rápidamente hacia el acoso mediante interrogatorios íntimos. Iglesias preguntaba: “¿Te gustan las mujeres?”, “¿te gustan los tríos?”, “¿te has operado los pechos?”. En algunos casos pedía verles los senos o se los tocaba. Ante la negativa a sus proposiciones sexuales, recurría a insultos, “Boluda” era su improperio más habitual.
Las extrabajadoras explicaron a elDiario.es y Univision Noticias que la presión no provenía solo del cantante, ya que las jefas insistían para que aceptaran las solicitudes sexuales, situaciones que ocurrían tanto en privado como en público. Laura mencionó un episodio donde le pidieron desnudarse frente a sus compañeras, un hecho confirmado por una invitada presente en la casa.
La reacción de Iglesias ante el rechazo incluía agresiones verbales y manipulación psicológica. “Cuando le digo que no quiero estar con él, comienza a insultarme muy feo y a decirme que cómo no voy a estar con él, que hay muchísimas modelos muriéndose por estar con él y que yo, porque él me quería y me había tomado cariño, estaba siempre junto con él”, contó Rebeca. La joven cerró su testimonio con una frase sobre la anulación de su voluntad: “Él trataba de decirme que yo no tenía derecho, por nada del mundo, a decirle que no, a rechazarlo”.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA.


