Poco después de finalizar sus estudios universitarios, Hayley Folk tomó una decisión que marcó el inicio de una etapa breve pero determinante en su vida adulta. Con 21 años, optó por mudarse de California a Texas para convivir con su pareja, con quien mantenía una relación a distancia. Lo que parecía un gran paso, pronto se convirtió en una experiencia que no cumplió con sus expectativas.
Folk relató que la mudanza estuvo motivada por una combinación de factores personales. Acababa de obtener su licenciatura, sentía el impulso de abandonar su ciudad natal y buscaba consolidar una relación sentimental.
“Me mudé para estar con una pareja”, aseguró en un artículo publicado en Business Insider. “Mi padre se sorprendió al ver mi decisión de mudarme por amor y hacer de Texas mi hogar”, señaló.
Su pareja, con quien mantenía una relación a distancia, residía en Dallas y trabajaba en el Estado de la Estrella Solitaria. En ese momento, según explicó, interpretó el traslado como un nuevo comienzo, sin evaluar en profundidad si el lugar y el estilo de vida coincidían con sus propias metas.
“Me estaba apoyando en una versión romantizada de lo que significaría mudarme”, aseguró.
La llegada a Dallas, Texas, coincidió con el verano boreal, lo que le permitió experimentar de inmediato una diferencia climática significativa respecto de California.
“No podía salir sin sentirme como si acabara de entrar en un sauna”, remarcó. Según el relato de Folk, esa experiencia contrastó con la imagen previa que tenía del lugar y se convirtió en uno de los primeros indicios de que la adaptación no sería sencilla.
Además del clima, Folk notó diferencias en el paisaje. La ausencia de montañas y la configuración suburbana del norte de Texas reforzaron su percepción de distancia respecto del entorno en el que se había criado, lo que influyó en su sensación de desarraigo.
“Desde el principio, intenté encontrar una comunidad y hacer que mi vida funcionara, convenciéndome de que me adaptaría si ponía el esfuerzo suficiente”, dijo la californiana. “Pero me costó encontrar cosas que hacer en mi nuevo barrio”, agregó.
Según detalló, buscó actividades y espacios que le permitieran establecer vínculos, con la expectativa de que el esfuerzo facilitaría la adaptación. Sin embargo, el entorno social del suburbio donde residía presentaba características distintas a las de su ciudad natal.
Folk observó que gran parte de la vida comunitaria giraba en torno a la iglesia, un aspecto con el que no se sentía identificada, ya que no practicaba ninguna religión.
“También estaba asimilando que me gustaban las mujeres románticamente”, dijo Folk.
Seis meses después de su llegada, Folk realizó un viaje a California para visitar a su padre. Ese momento funcionó como un punto de inflexión. Al salir de Texas, experimentó una sensación de alivio que la llevó a replantear su situación.
Tras ese viaje, decidió finalizar la relación y abandonar el estado texano. “Durante todo mi tiempo allí, había estado soñando despierta con empacar mis cosas y vivir en la ciudad de Nueva York. Mi pareja, en cambio, quería vivir en el campo, y al final no fuimos compatibles”, relató.
Folk regresó a California, donde residió durante aproximadamente un año antes de concretar su mudanza a Nueva York. “Dejar Texas resultó ser una de las mejores decisiones que he tomado”, señaló.
Actualmente, en el este de EE.UU., Folk se dedica a la escritura y comparte a través de las redes sociales cada una de sus experiencias.


