El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, aseguró que los ataques contra instalaciones nucleares iraníes han causado daños relevantes, pero no han eliminado la capacidad del régimen islámico para sostener su programa atómico.
“Ha habido un impacto considerable”, señaló, aunque advirtió que “mucho ha sobrevivido” y que el problema continuará una vez finalicen las operaciones militares.
“Una vez que termine el esfuerzo militar, aún heredaremos una serie de problemas importantes que han estado en el centro de todo esto”, señaló Grossi en entrevista con CBS News.
Explicó que, aunque hubo daños en instalaciones clave, Irán conserva experiencia técnica y equipos que pueden ser reparados o reemplazados.
“No se puede negar que esto ha hecho retroceder el programa de forma importante”, indicó, al tiempo que relativizó los cálculos sobre cuánto tiempo tardaría Irán en recuperarse.
“Soy muy escéptico con esas métricas de días o meses, porque todo es relativo”, dijo.
Grossi reconoció que las ofensivas del año pasado lograron afectar físicamente tres de las principales instalaciones nucleares —Fordow, Natanz e Isfahan— y que la campaña actual ha alcanzado también infraestructuras y almacenes críticos. Sin embargo, insistió en que la capacidad nuclear de un país no se destruye solo con bombardeos.
El titular del OIEA subrayó que Irán mantiene una reserva de uranio enriquecido al 60%, ubicada principalmente en Isfahan y Natanz, y que el material podría estar bajo los escombros, pero sigue existiendo.
“El material enriquecido, la infraestructura y el equipo pueden haber sido dañados, pero probablemente han sobrevivido”, advirtió.
El jefe del órgano de control nuclear de Naciones Unidas remarcó que el manejo de cilindros de hexafluoruro de uranio altamente enriquecido es extremadamente complejo y que una operación militar para extraerlos sería un reto logístico “muy desafiante”.
“No digo que sea imposible, conozco las capacidades militares existentes, pero sería una operación muy difícil”, explicó Grossi.
Recordó, además, que antes de la reciente oleada de ataques, los inspectores del OIEA habían detectado casi 450 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, cifra cercana al umbral requerido para fabricar armas nucleares, y que el organismo no vio esfuerzos significativos de reconstrucción en las semanas previas a la guerra.
Confirmó que, según las imágenes satelitales y los datos de campo, no se observaron trabajos de restauración de las plantas nucleares dañadas.
El diplomático argentino defendió la necesidad de recuperar la vía negociadora para gestionar el futuro del programa nuclear iraní.
“Va a ser necesario volver a la mesa de diálogo”, subrayó Grossi, quien también reveló que los canales de comunicación con Teherán permanecen abiertos, aunque limitados por el conflicto en curso. Consideró que una solución duradera deberá involucrar a Estados Unidos e Irán, con apoyo técnico del OIEA, y no depender únicamente de acciones militares.
Al ser consultado sobre la posibilidad de un acuerdo previo a la reanudación de los bombardeos, Grossi reconoció que existía un marco de negociación, pero no se había alcanzado un entendimiento definitivo.
“Mientras hay una negociación, siempre existe la posibilidad de un acuerdo. No se puede negar eso”, sostuvo. Sin embargo, aclaró que el diálogo técnico y político había quedado suspendido ante la escalada bélica, y que los inspectores del OIEA no han podido acceder a todas las instalaciones tras los ataques.
Grossi también abordó las dudas sobre la finalidad del programa nuclear iraní y el uso de material en instalaciones como el reactor de investigación de Teherán, objeto de sospechas por parte de Estados Unidos.
“Lo que discutimos es capacidad técnica, no intenciones”, explicó el director del OIEA, subrayando que el organismo evalúa si los recursos disponibles pueden ser utilizados con fines militares o civiles y que muchas preguntas siguen sin respuesta debido a la falta de acceso y transparencia total por parte de Irán.
El director del OIEA advirtió que una campaña militar, por sí sola, no erradica la capacidad nuclear de un país.
“A menos que se recurra a una destrucción inimaginable, que esperemos nunca ocurra, cualquier guerra dejará capacidades y materiales intactos”, afirmó Grossi.
Dijo que la experiencia reciente de Irán en el desarrollo y operación de centrifugadoras avanzadas, así como la existencia de talleres y laboratorios dispersos, complican aún más la posibilidad de eliminar completamente el programa nuclear mediante la fuerza.
Para Grossi, el futuro de la seguridad nuclear en la región pasa por una solución diplomática y una supervisión internacional rigurosa.
“Debemos encontrar un marco de entendimiento que permita claridad y control efectivo sobre el programa iraní”, concluyó, enfatizando la urgencia de restaurar el trabajo de los inspectores del OIEA en el terreno una vez que las condiciones lo permitan.


