Uno por uno. Aunque estén en los más insólitos escondites. El aparato de inteligencia de Israel ha ajustado su estrategia militar para desmantelar la red de seguridad interna del régimen en Irán, intensificando ataques selectivos que han eliminado a figuras clave como el responsable de la milicia Basij, Gholamreza Soleimani, y, días antes, al alto funcionario de seguridad Ali Larijani durante una reunión secreta en las afueras de Teherán.
Estas acciones -que según documentos y reportes obtenidos por The Wall Street Journal- han provocado miles de bajas en las filas del gobierno iraní, tienen como objetivo minar la cohesión del Estado de cara a posibles levantamientos y acelerar el desgaste de sus fuerzas represivas.
Al segundo día del conflicto, los informes revisados por The Wall Street Journal demostraron que los ataques de la fuerza aérea de Israel ya no solo golpeaban instalaciones militares convencionales, sino que se focalizaban en los pilares administrativos y de mando: desde cuarteles generales de la Guardia Revolucionaria y la policía, hasta comandos responsables de la protección directa de Teherán.
Una de las operaciones más mortales documentadas fue dirigida contra el estadio Azadi, lugar de concentración de fuerzas tras la destrucción de sus bases, donde murieron cientos de uniformados, consolidándose como uno de los mayores golpes de la campaña.
Cuatro días después de que Larijani hiciera su primera aparición pública desde el inicio de la guerra, una acción quirúrgica de la inteligencia israelí lo localizó y eliminó en compañía de otros funcionarios fuera de la capital. Horas después, la muerte de Gholamreza Soleimani selló la noche más letal para el círculo de confianza del régimen, mientras que al día siguiente, Israel anunció el asesinato del ministro iraní de Inteligencia, Esmail Khatib.
Estos golpes, según The Wall Street Journal, representan hitos en una ofensiva que combina capacidad tecnológica avanzada y creciente colaboración de ciudadanos iraníes que denuncian la ubicación de blancos prioritarios.

El liderazgo israelí, citado por el medio estadounidense, sostiene que ha lanzado aproximadamente 10.000 municiones sobre miles de objetivos, centrando más de 2.200 ataques en entidades como la Guardia Revolucionaria, Basij y otros cuerpos de seguridad. Las bajas, evaluadas en varios miles entre muertos y heridos, han forzado a las fuerzas represivas a buscar refugio improvisado en vehículos, mezquitas, centros deportivos y hasta buses urbanos, como confirma una serie de entrevistas y registros de daños analizados por The Wall Street Journal.
A la par, la presión interna y el desorden aumentan. La policía y otras fuerzas, acorraladas, han trasladado controles bajo puentes urbanos y ocupan edificios civiles. Según el testimonio de un médico recogido por el periódico, algunos agentes han dormido en portales de edificios o forzado a pacientes a liberar espacio en hospitales para sus heridos. Las investigaciones sobre delitos previos al conflicto han quedado suspendidas ante la imposibilidad de operar estaciones de policía. Comerciantes y vecinos, relata la fuente, han recibido la orden de cerrar temprano por la ausencia de protección.
Israel ha diversificado sus ataques más allá de sedes y almacenes. Las recientes incursiones aéreas han focalizado puestos de control de la milicia Basij en avenidas clave como la autopista Imam Reza y la calle Shahed, con al menos 11 puntos impactados solo en Teherán la última semana. Parte significativa de estos bombardeos ha sido guiada por reportes directos de ciudadanos iraníes, hecho inédito en la guerra reciente.
Aunque la dislocación administrativa y el temor entre los agentes se registran en múltiples provincias, The Wall Street Journal señala que la autoridad del régimen persiste en las calles. Varios residentes entrevistados reconocen que, pese a las amenazas abiertas a los manifestantes —incluida la orden de disparar a matar ante cualquier rebelión—, el aparato de seguridad mantiene la represión y evita cualquier intento de insurrección.
La intensidad del asedio se materializa en cientos de acciones coordinadas y en la presión directa hacia comandantes iraníes. El diario estadounidense revela que oficiales de inteligencia israelíes han establecido contacto telefónico con responsables policiales iraníes, advirtiéndoles del “destino” que les espera si no abandonan la represión.
En uno de los registros auditados por el medio, un agente del Mossad comunicó en farsi: “Sabemos todo sobre usted. Está en nuestra lista negra, tenemos toda la información”.
El comandante respondió: “Juro por el Corán, ya estoy muerto. Solo vengan a ayudarnos”.
Las acciones han provocado desplazamientos masivos de fuerzas de seguridad hacia instalaciones deportivas y espacios civiles. Fotos difundidas por medios estatales iraníes muestran hospitales colapsados, mientras que videos verificados por la firma de inteligencia social Storyful confirman la presencia de cuerpos y vehículos dañados en las inmediaciones de estadios y comandos policiales.
El impacto, aunque profundo, sigue siendo objeto de disputa. La propia inteligencia israelí reconoce que la caída de un régimen por vía aérea es extremadamente improbable por la sola fuerza de los ataques. En palabras de Farzin Nadimi, investigador del Washington Institute: “Sería una victoria absoluta para el régimen, con consecuencias previsibles e imprevistas”.
La ofensiva israelí ha cubierto desde instalaciones clave en el corazón de Teherán, como un centro de mando ministerial ubicado en la sede de la Compañía Eléctrica de Irán, hasta 34 instalaciones policiales y de fuerzas especiales en la provincia de Ilam, cerca de la frontera con Irak —una región históricamente tensada por la presencia kurda y movimientos armados locales—. El balance reportado detalla la destrucción de equipos informáticos, vehículos, depósitos de municiones y motos empleadas en el control y disuasión de protestas.
En los últimos días, el uso intensivo de drones ha permitido que Israel pase de afectar nodos estratégicos de mando a hostigar puestos individuales y controles de rutina, con ataques que según el medio matan a pequeños grupos de agentes cada vez —dos a cuatro por incidente— y que han obligado a la reconfiguración constante de los dispositivos de control urbano.
La capacidad de evaluación independiente de estos resultados es reducida por el cierre de la internet iraní y la detención de quienes difunden imágenes de los ataques.
El futuro inmediato depende, según la hipótesis del sector de inteligencia israelí citado por The Wall Street Journal, del desgaste económico y social interno. El deterioro de la economía iraní y el aumento de la ira popular, consideran, harán insostenible la continuidad del régimen a mediano plazo, pero la decisión final recaerá sobre los propios ciudadanos iraníes.
Las fuerzas de seguridad mantienen la represión, pero la erosión administrativa y la colaboración civil han vuelto visible lo que algunos analistas describen como “un sistema en proceso de descomposición frente a los ojos de la gente”, según Nadimi. A pesar del ritmo de las operaciones, la población expresa temor de que el régimen, aunque debilitado, sobreviva a la ofensiva para emerger aún más radicalizado.
1 - Alí Khamenei, líder supremo. Abatido el 28 de febrero.
2 - Mohammad Shirazi, secretario militar principal de Kahmenei, también ultimado el 28 de febrero.
3 - Saleh Asadi, jefe de inteligencia militar; 28 de febrero.
4 - Hossein Jabal Amelian, presidente de la SPND, la organización de investigación de armas nucleares de Irán, mismo día.
5 - Reza Mozaffari-Nia, ex presidente de la SPND, también el 28 de febrero.
6 - Mohsen Darebaghi, general de División. Subdirector de logística e investigación industrial; 28 de febrero.
7 - Gholamreza Rezaian, jefe de inteligencia policial. 28 de febrero.
8 - Bahram Hosseini Motlagh, general de División, jefe de planes y operaciones. Abatido el 28 de febrero.
9 - Majid ibn al-Reza, ministro de Defensa interino; 3 de marzo.
10 - Reza Khazaei, alto comandante de la Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria. 3 de marzo.
11 - Abu Dhar Mohammadi, comandante de la Guardia Revolucioanria. 12 de marzo.
12 - Ali Larijani, jefe de Seguridad Nacional. 17 de marzo.
13 - Gholamreza Soleimani, comandante de la milicia Basij. 17 de marzo.
15 - Ismail Khatib, ministro de Inteligencia. 18 de marzo.

