México debe estar orgulloso de sus Fuerzas Armadas, pues le brindó al pueblo mexicano un espíritu renovador.México debe estar orgulloso de sus Fuerzas Armadas, pues le brindó al pueblo mexicano un espíritu renovador.

La patria es primero

2026/03/02 18:30
Lectura de 7 min
Si tienes comentarios o inquietudes sobre este contenido, comunícate con nosotros mediante crypto.news@mexc.com

Amable lector(a), si en mis – no tan lejanas – estaciones de jovialidad me hubieran preguntado lo que el Ejército representaba para mí, hubiera contestado, en principio, con una sola expresión, diáfana, pero esencial: lealtad. El desarrollo de mi respuesta no resultaría complejo; simplemente, habría profundizado en el ideal que, hasta esos años, había construido el cuerpo castrense, mismo que, bajo el acto más solemne que existe, alguna vez juró someter su físico, mente y espíritu a la defensa de la Patria. Pensar en el Ejército era más que una fiel remisión al concepto de compromiso; era evocar un sentimiento de protección, confianza y resguardo en un hogar al que denominamos Nación.

El uniforme representaba la fortaleza de un Estado soberano que vela por su pueblo; su más grande condecoración: honor y respeto de cada individuo que lo conforma.

El día de hoy el cuestionamiento se replica; no obstante, de mi respuesta anterior, –tristemente – advierto que el tiempo la ha trastocado. Me gustaría afirmar que el Ejército como Institución, a la fecha, verifica los valores que solo en el campo lingüístico profesa; sin embargo, parece que todos los listados operan más como un recuerdo – cada vez más nebuloso, matizado con una oscuridad fantasmal – que como un objetivo firme, con fin último de sus labores.

Observo que, la desconfianza en nuestras Fuerzas Armadas es colectiva, en especial, en las nuevas generaciones; por ejemplo, cada vez menos jóvenes realizan su servicio militar, y muchos menos desean formarse como cadetes. ¿Acaso consideran que el uniforme ha perdido su naturaleza honorable para reducirla al mero textil? Si la respuesta fuera afirmativa, entonces, no podría juzgarlos. Después de todo, no es posible confiar en un Institución que invierte recursos en opacar lo que – bajo nuestro orden político-jurídico– debe ser transparente, en quien, en lugar de proteger, explota aun más los bienes de laNación, quien, en vez de saludar al ciudadano con el espíritu servicial primigenio, le apunta con el fusil y – sin motivo alguno – le dispara. La destrucción simbólica del Ejército no atañe a un cambio en la perspectiva generacional, sino a un conjunto de prácticas reiteradas por parte de quienes, escudados en nuestros símbolos patrios, disfrutan la soberbia de la autoridad y del poder.

Actualmente, el Ejército ha extendido su blindaje. La cercanía ahora es violencia, el escudo un instrumento, y el objeto un antivalor. No obstante el pesimismo de las líneas anteriores, considero – tal vez de forma ilusa – que no está todo perdido, el ideal no está extinto, solo divaga. ¿Cómo construir nuevamente la identidad de nuestro cuerpo castrense?

Las noticias son abundantes. El día 22 de febrero del presente las Fuerzas Especiales del Ejército aprehendieron a Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación. Tras su captura, tuvo lugar un enfrentamiento violento entre los soldados y los miembros del Cártel. El resultado: el abatimiento de un poderoso narcotraficante, el costo: el fallecimiento de veinticinco miembros del Ejército y civiles. El día siguiente, Ricardo Trevilla Trejo, Secretario de la Defensa Nacional, hizo uso de la palabra desde Palacio Nacional para detallar los hechos de la operación anterior. Durante los primeros minutos de su intervención – casi catorce – el Secretario Trevilla expuso los pormenores de la operación con una seriedad que simulaba la exposición de un procedimiento ordinario dentro de la dinámica institucional del país. Lanarrativa no estuvo acompañada de sobresaltos ni de inflexiones que denotaran excepcionalidad; antes bien, se desenvolvió con la cadencia de quien describe una actuación integrada a la normalidad operativa del Estado. Amable lector(a), sobre lo anterior medetengo un instante: cuando acontecimientos de tal naturaleza se relatan con esa llaneza discursiva, el cuestionamiento fluctúa, ¿realmente estamos frente a un hecho extraordinario que debería suscitar una reflexión más profunda – especialmente por parte de nuestroslíderes institucionales – o, por el contrario, nos encontramos ante una circunstancia que hemos incorporado, casi sin advertirlo, a nuestra noción de lo habitual? No obstante, antes de que el anterior cuestionamiento cimentara mi percepción actual sobre el Ejército como instrumento de poder político y acabara con mi anhelo de unas Fuerzas Armadas apegadas a los principios y valores patrióticos en los que encuentra cauce, hubo un cambio de narrativa en el discurso del Secretario Trevilla. Discreto, pero significativo; breve, pero contundente.

Cuando parecía que el recuento de hechos finalizaría, en conjunto con la participación total del Secretario, este último dubitó. Con voz temblorosa, pero, a su vez, sincera, el mensaje cambió. Primero, hacia un sentimiento de pérdida: “aprovecho, primero, [carraspeó] para dar el pésame a las familias de los compañeros que perdieron la vida”. Después, la verificación del honor: “un reconocimiento a nuestro personal militar, que realizó una operación exitosa” . El cierre impecable: “se puede ver desde muchas ópticas, pero es definitivo que cumplieron su misión… eso es lo que se demostró, la fortaleza del Estado mexicano” .

En menos de un minuto, el Secretario Trevilla emitió un mensaje concluyente: el Ejército, como institución, responde por su patria, la soberanía del Estado y la salvaguarda del pueblo. A su vez, el mensaje anterior, fue revestido con un subtono unitario: cuando un soldado da la vida en combate, toda la Nación sufre la pérdida.

Amable lector(a), no pretendo que el discurso del Secretario Trevilla suprima, ni mucho menos compense, el conjunto de prácticas que han erosionado la confianza en nuestras Fuerzas Armadas. Sería ingenuo sostener que un mensaje, por sincero que parezca, basta para corregir desviaciones estructurales o para disipar la sombra que ciertas decisiones públicas han proyectado sobre la institución. Existen, sin duda, funcionarios que han hecho un uso cuestionable del cuerpo castrense, instrumentalizándolo en escenarios que desdibujan su vocación primigenia.

Sin embargo, convendría no perder de vista — y en esto le invito a reflexionar, amablemente, conmigo — que las instituciones no se agotan en los errores de quienes circunstancialmente las conducen. El Ejército no es, en esencia, la voluntad de un individuo ni el instrumento de una coyuntura política; es una construcción histórica que descansa sobre ideales que, aunque hoy parezcan difusos, no han desaparecido del todo. La breve inflexión del Secretario, su reconocimiento del sacrificio y su afirmación sobre la fortaleza del Estado, no constituyen una absolución institucional, pero sí recuerdan que subsiste un camino posible, esperanza y fortaleza de la institución castrense.

Porque cuando un servidor público reconoce la pérdida, honra el cumplimiento del deber y afirma que el Estado responde, se reitera – al menos en el plano simbólico – que la función de las Fuerzas Armadas no es la dominación, sino la salvaguarda; no la soberbia, sino el servicio; no el poder por el poder mismo, sino la defensa de la patria y la protección del pueblo. La tarea, entonces, no consiste en abandonar el ideal, sino en exigir que se encarne con rectitud. En este punto, concluyo con algunos cuestionamientos. Para usted, amable lector(a), ¿qué representa el Ejército? ¿es un ideal de lealtad o un instrumento del poder? En caso de que opte por la segunda opción, ¿cuál es el papel del Derecho, como ordenador social, para reforzar el papel de las Fuerzas Armadas como salvaguardas de la Patria? Como siempre, su opinión es la más valiosa. Hoy México debe estar orgulloso de sus Fuerzas Armadas, pues le brindó al pueblo mexicano un espíritu renovador, renació la esperanza y proporcionó calma y seguridad que, tristemente, se habían extraviado en años recientes por réplicas políticas sin sentido y, sobre todo, inicuas. Desde esta columna, una felicitación muy sentida a nuestras Fuerzas Armadas y un reconocimiento por su labor y compromiso con la Nación. Hoy, nos sentimos más seguros.

Hoy, México tiene confianza en sus Fuerzas Armadas.

La patria es primero, como grata y sublimemente lo expresó Vicente Guerrero y quedó inscrito en la Cámara de Senadores.

Cualquier comentario, amable lector(a), mi correo electrónico es apasapera@gastelum.mx

*Catedrático del CIDE, ITAM y UP.

Oportunidad de mercado
Logo de Lagrange
Precio de Lagrange(LA)
$0.21695
$0.21695$0.21695
+0.78%
USD
Gráfico de precios en vivo de Lagrange (LA)
Aviso legal: Los artículos republicados en este sitio provienen de plataformas públicas y se ofrecen únicamente con fines informativos. No reflejan necesariamente la opinión de MEXC. Todos los derechos pertenecen a los autores originales. Si consideras que algún contenido infringe derechos de terceros, comunícate a la dirección crypto.news@mexc.com para solicitar su eliminación. MEXC no garantiza la exactitud, la integridad ni la actualidad del contenido y no se responsabiliza por acciones tomadas en función de la información proporcionada. El contenido no constituye asesoría financiera, legal ni profesional, ni debe interpretarse como recomendación o respaldo por parte de MEXC.