Marco LavagnaMarco Lavagna

La inflación y la renuncia de Marco Lavagna

2026/02/04 12:10
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Ha sido una decisión equivocada, inoportuna, inútil y perjudicial la del gobierno de posponer la aplicación de los nuevos ponderadores en la determinación del índice de precios. La renuncia de Marco Lavagna al Indec fue una decisión personal esperable que no resulta neutra en su efecto sobre la confianza. Y la confianza es justamente un factor fundamental en la derrota de la inflación.

El primer mes del año se presenta con una variación de precios que, según varias consultoras privadas, se encontraría entre el 2,2% y el 2,5%. En su último informe trimestral el Banco Central menciona algunos factores que suman efectos inflacionarios de carácter transitorio y que probablemente en los próximos meses operarán en sentido estabilizador. Estaba prevista a partir del 1° de enero de 2026 la aplicación de los nuevos ponderadores de una canasta de consumo más actualizada. Respecto de la canasta anterior, la nueva asigna mayor peso a servicios. Se sabía que las tarifas seguirán por un tiempo ajustándose por sobre el nivel general a fin de reducir los subsidios todavía remanentes. Visto esto el Gobierno decidió posponer el cambio en una decisión casi infantil. La diferencia cuantitativa en el índice por las nuevas ponderaciones hubiera resultado poco relevante y, además, claramente explicable y justificable.

El reciente cambio en la modalidad de ajuste de la banda cambiaria no parece haber tenido ni se espera que tenga consecuencias sobre la inflación. El ajuste mensual del 1% en adelante será la inflación ocurrida en el último mes publicado por el indec (segundo mes anterior). Podrá tener el efecto de una indexación cambiaria si la cotización del dólar toca el límite superior de la banda y en ese caso producir un impacto psicológico que contribuya a la inflación. Esto no parece ocurrir a juzgar por la estabilidad nominal del tipo de cambio durante enero.

Un muy buen documento titulado ”Por qué cuesta más bajar la inflación”, elaborado por el economista Fernando Navajas para la Universidad Di Tella, profundiza en el análisis de la interdependencia entre la inflación, la acumulación de reservas, la demanda de dinero y la confianza o riesgo país. Afirma que el logro del equilibrio o de un moderado superávit fiscal ha sido el eje del programa de estabilidad de Milei y eso parece estar fuera de discusión. Pero los altibajos en el riesgo país pusieron en evidencia que la pérdida de reservas del Banco Central era otro frente de riesgo que debía ser atendido. Su reconstitución no es lograble comprando divisas con solo el limitado superávit fiscal. Se exige la emisión adicional de pesos para adquirir reservas, lo que resultaría inflacionario, salvo que aumente la demanda de dinero (pesos) del sistema. Esto último sucede si ocurre alguna de dos circunstancias: 1) que aumente la confianza en la moneda argentina y que la gente prefiera tener más pesos que dólares por diferencia de tasas de interés o que simplemente disminuya la velocidad con que la gente se desprende de los pesos, o 2) que aumente la actividad económica y el sistema necesite entonces más cantidad de pesos. Existe la posibilidad de un círculo virtuoso, pero también de un vicioso. El virtuoso es así: la compra de reservas aumenta la confianza, por lo tanto, disminuye el riesgo país, así aumenta la demanda de dinero, entonces el Banco Central puede emitir para comprar reservas sin ocasionar un efecto inflacionario. En sentido inverso operaría un círculo vicioso si por alguna razón se quiebra la confianza y la gente huye de los pesos. Es una situación que la Argentina ha conocido varias veces y de esas experiencias debería haberse aprendido que no debe cometerse un error como el que provocó la renuncia de Marco Lavagna.

Navajas describe estos mecanismos en la actual coyuntura argentina y cita una similar experiencia uruguaya de comienzos de los 90. Concluye en que no conviene dejar de lado la recuperación de reservas para acelerar la eliminación de la inflación. En una reciente conferencia el economista uruguayo Ernesto Talvi convalidó esa posición y recordó que en su país llevó varios años reducir la inflación desde dos dígitos a un dígito anual.

La publicación por el Banco Central del programa monetario para 2026 convalida estos criterios. La acumulación de reservas internacionales será consistente con la remonetización de la economía a lo largo del 2026. El escenario base prevé la compra de 10.000 millones de dólares a lo largo del año. Si se produce un aumento adicional de la demanda de dinero de 1% del PBI podría llevar las compras a 17.000 millones sin generar presiones inflacionarias. La prudencia con que se prevé desarrollar la política monetaria se advierte en los siguientes párrafos del citado informe: “El BCRA mantendrá un sesgo en su política monetaria que evite esfuerzos sostenidos de esterilización mientras la demanda de dinero evolucione conforme a lo esperado. En el caso de que la evolución de la demanda de dinero sea menor a lo esperado, el BCRA adoptará las medidas correctivas que crea pertinentes en línea con el programa económico”.

Podemos decir que las políticas monetaria y cambiaria están correctamente planteadas. No obstante, cabe señalar que el factor confianza, que como hemos visto es un eslabón de este círculo virtuoso, está sujeto también a otras eventualidades económicas y políticas. La aprobación de las reformas de fondo y la defensa a ultranza del equilibrio fiscal deberán jugar favorablemente y neutralizar el daño sobre la confianza que puede haber producido la decisión que motivó la renuncia de Lavagna, quien en cierta forma respaldaba la seriedad de las estadísticas.

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