Uno más que muerde el polvo. Adán Augusto López se creyó presidenciable y, tres años después, si bien le va, volverá a lo que ya fue: operador electoral de tierra. La presidenta Claudia Sheinbaum se hace así de otro espacio de poder.
El inicio del periodo ordinario en el Congreso de la Unión sacude al obradorismo. No es sólo que Morena cambie de pastor en el Senado, cosa nada trivial. Es que pierde esa posición quien se creyó el heredero legítimo.
La cuerda de los éxitos de la presidenta Sheinbaum para hacerse de gobernabilidad no es aquilatada. La mandataria vive entre crisis locales y presiones externas, lo cual no le ha impedido emprender modificaciones a la estructura heredada.
En la Unidad de Inteligencia Financiera, primero; en la Fiscalía General de la República, después, y desde este domingo, en la coordinación del Senado, no están ya quienes, desde un puesto que supusieron amarrado, vieron irse a Andrés Manuel.
No son los únicos cambios. Y, sobre todo, no son pocos ni menores. Suponen la vigorización del ejercicio de la presidencia en manos de la sucesora de AMLO, y ya pueden consignarse como una tendencia.
Aunque no todos los movimientos son tan evidentes. Por ejemplo, Arturo Zaldívar sigue en la banca. No fue llamado a sustituir a Alejandro Gertz Manero en la FGR, y tampoco fue invitado a convertirse en consejero jurídico.
En la cuenta de los méritos de la presidenta hay que acreditar también que Ricardo Monreal, melindroso siempre, ha estado lejos de atreverse a una insumisión como la que en su momento le costó que Andrés Manuel le dejara de recibir en Palacio.
Y el cambio más importante pasa inadvertido para demasiados. La presidenta ha dado muestras rotundas y sostenidas de su decisión de combatir a los grupos criminales. Eso ha supuesto una reorientación institucional que tiene en Omar García Harfuch su rostro mediático.
Combatir al crimen requirió alinear labores de inteligencia y, a partir de noviembre, las de buena parte de la fiscalía, bajo el mando del secretario más leal a la presidenta. Hay que destacar no sólo los resultados preliminares, sino la inevitable ruta de colisión de ese esfuerzo.
Tras decidir poner a los criminales una contención que no se intentó entre 2018 y 2024, además de impulsar la figura de García Harfuch como factor en la sucesión, se avizoran, necesariamente, costos para los grupos regionales de Morena que abrazaron a delincuentes.
Sin intermediarios, Sheinbaum ya sabe quién se porta mal y cómo.
Quien actúe amparado en aquello de “a mí me puso López Obrador”, que se prepare, porque en una de esas más pronto que tarde acompaña al exdirector del CIDE, José Romero, en su negativa a entender el cambio. La reestructura de la presidenta no ha terminado.
La salida de Adán Augusto de la coordinación de Morena en el Senado se pensó improbable, pues se le otorgó demasiado protagonismo a su actuar para alcanzar la mayoría constitucional, que en la Cámara alta supuso llevar a Morena a adversarios que acuñaron diatribas y ataques a AMLO como pocos.
Ahora, en la antesala de una reforma electoral donde los verdes y los petistas han regateado apoyo a la presidenta, quitar a López Hernández de la coordinación es un recordatorio de que el poder no se le hereda a los hermanos, ni a quienes apoyaron y ya se les pagó.
Claudia tiene capacidad de investigar, valentía para atacar criminales y método para irse haciendo de cada vez más control. Tanto que no ha necesitado humillar a Adán Augusto para deshacerse de él. La inercia presidencial es evidente, aunque se le regatee.

