Julio Argentino Roger, posa orgulloso frente a su lugar de trabajo, Café TabacJulio Argentino Roger, posa orgulloso frente a su lugar de trabajo, Café Tabac

Roger, el mozo “de la vieja escuela” que es amigo de Macri, vecino de Cristina y espera el regreso de su cliente Milei

2026/01/28 11:14

Julio Argentino Roger (o simplemente “Roger”, como lo conocen todos) es el jefe de mozos de Café Tabac, el histórico boliche en la esquina de Avenida del Libertador y Coronel Díaz. A sus 55 años, este santiagueño se ha convertido en un ícono de los mozos de “la vieja escuela”.

Nunca anotó un pedido. Su récord, jamás igualado por sus compañeros en el salón, fue memorizar 67 órdenes de una sola vez.

Tiene una bandeja especial, personalizada, en la que grabó su nombre y su fecha de nacimiento. “Es pesada”, advierte. Efectivamente, pesa 1,6 kilos, mientras que las bandejas convencionales no superan los 800 gramos. “Prefiero que sea más pesada porque me da más seguridad y estabilidad”, insiste.

Roger y el clásico gesto con sus clientes de confianza

Conoce a sus clientes, los llama por su nombre y sabe qué van a beber o comer antes de que se lo ordenen. “Lo de siempre”. Hay empresarios, jueces, políticos... Entre ellos está, o estuvo, hasta diciembre de 2023, el entonces candidato a presidente Javier Milei.

“Sí, en pandemia venía todos los días -cuenta Roger-. Yo lo hacía sentar en la mesa 22. Él tomaba un café con leche con bastante espuma y su hermana, Karina Milei, tomaba un cortado en jarrito. Todavía no era candidato ni se había formado La Libertad Avanza. Siempre fue muy atento y muy amable. Vino hasta 3 días antes de ser electo presidente. En una de sus últimas visitas le dije: ‘Estos son los últimos cafés con leche que le sirvo porque después no vas a poder venir más’. Y el sonrió y prometió volver”.

Julio Roger junto al presidente de la República Argentina, Javier Milei

—¿Solía dejar propina el presidente?

—Sí, siempre. Muy atentos, tanto Karina como Javier. Aquí es muy raro que aquí no recibas una buena propina. Generalmente, te dejan el 10 por ciento, a veces más.

—¿Cuál fue la propina más grande que recibió?

—Me dieron 100 dólares por servir un café. En cada propina siento una muestra de afecto.

—¿Cómo se hace para mantener la discreción en sus mesas se concretan reuniones de políticos importantes?

—Hay que ser profesional. Ningún mozo debe estar pendiente o atento a las conversaciones de ningún cliente. De ninguno. Claro que siempre hay momentos en los que me llaman para saludarme y ahí se dan intercambios. Tengo fotos con todos los políticos. Tengo sus teléfonos. Con algunos intercambio mensajes. Puedo decirle que he tenido grandes gestos de algunos políticos de este país en momentos muy difíciles de mi vida.

—¿A qué gestos se refiere?

—Cuando falleció mi mamá llamé al gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, para consultarle cómo podía hacer para trasladar sus restos a la provincia. Le comenté que no contaba con los recursos económicos para el traslado y él se hizo cargo de todo. Eso para mí es impagable. Se portó muy bien con mi familia. Le estoy muy agradecido.

—Tiene clientes de todo el arco político, veo.

—Sí. Durante la última elección en CABA vino Mauricio Macri. “Vine por vos”, me dijo. Para mí es un honor atender al presidente de tu país. Aparte soy de Boca, él hizo mucho por Boca. Lo aprecio mucho.

El expresidente de la República Argentina, Mauricio Macri, junto a Julio Roger

—¿La expresidenta?

—No, por acá no vino. Pero la tengo siempre cerca: Cristina Fernández de Kirchner es mi vecina.

—¿Vive cerca de San José 1111?

—Sí. Estos últimos tiempos fue difícil entrar a mi casa. Hicieron muchas manifestaciones para pedir por su liberación... Cada vez que volvía a casa sus seguidores me decían: “Vení, sumate, compañero”. Fue un calvario. Espero que la cosa se tranquilice y no se siga alterando el barrio.

Julio Roger junto a la exprimera dama Juliana Awada y al gerente de Tabac, Mariano Gimenez

—Sus colegas cuentan con admiración que logró memorizar los pedidos de 67 personas al mismo tiempo.

—Jamás agarré una lapicera para anotar los pedidos, siempre usé la cabeza. Si estás bien de la cabeza, todo sale bien. El oficio y la cabeza son clave en esto.

—¿Cómo reconoce a un buen mozo?

—Es el que está siempre con la cabeza levantada. En mi caso, veo todo. Todo el día. Todo el tiempo. Siempre le digo a mis colegas: “Levanten aquella mesa”, “los llaman desde allá”, “cierren aquella otra mesa”... y el encargado del lugar, Marcos Guagliardi, les dice: “¿Qué se piensan? ¿Qué Roger es Superman?”. Me mato de risa.

—¿Qué piensa de los que dicen que los mozos de la “vieja escuela” están en peligro de extinción, que ahora los encargados buscan mozos más jóvenes, que manejen sistemas digitales?

—Nunca se va a perder el mozo de la vieja escuela. Lo mismo que los cocineros de raza, que hoy quedan pocos. Los de la vieja escuela nacimos para este oficio. Lo hacemos con mucho amor propio. Esos trabajadores son difíciles de encontrar.

La bandeja personalizada del jefe de mozos de Tabac, lleva su nombre junto a su fecha de nacimiento

De la bailanta al café

Llegó a Buenos Aires en 1989, de la mano de su hermano. Antes de convertirse en mozo, trabajó como albañil y fue representante de artistas. Su agencia, orientada a la movida tropical, se llamaba “Roger Producción”. Entre sus representados destaca a José El Pibe de Oro Yanacón, Seferino Torres, Daniel Abregú y La Diosa Santiagueña Nina Abregú, Los Hermanos Campos, Los Bandoleros de Copo...

El panfleto con los artistas musicales que representaba Julio Roger, en sus tiempos en la movida tropical

Después, en 1989, en una de las tantas crisis económicas argentinas, abandonó definitivamente su emprendimiento artístico para dedicarse de lleno a su trabajo como mozo. Entre las mesas de Tabac forjó una ética de trabajo inquebrantable. “En esta empresa jamás tuve una falta en 20 años. Ni una llegada tarde”, dice con orgullo.

Hoy tiene 55 años, está casado con Aída -desde el mismo año en que llegó a la capital-, es padre de Emanuel y Sabrina, y un abuelo “loco” por sus nietos Fabricio y Francesca.

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